Lectura 4:00 min
El fallo de la actuación del gobierno en la salida de la crisis
Las crisis se producen, de acuerdo a Oriol Amat (La botella medio llena, Profit, España, 2020) debido a una burbuja o a un hecho imprevisto como puede ser un virus. En la gran crisis de 1929, el liberalismo imperante pensó que los gobiernos no tenían que intervenir porque pensaban que el mercado era inteligente y lo arreglaba todo. Esto provocó la quiebra de miles de bancos, millones de personas que perdieron sus empleos y como no había subsidios de desempleo, ni Seguridad Social, ni pensión por jubilación, se produjo un incremento de la pobreza que tardó muchos años en recuperarse hasta que intervinieron los gobiernos para rescatar la economía.
Según Oriol Amat, suele comenzar por un crack en la bolsa -que en este caso fue el virus-, de donde cae la actividad económica, hay morosidad, cierre de empresas, aumento del desempleo, caída del consumo y la inversión. El ciclo se recupera cuando los gobiernos rescatan a la economía e inyectan liquidez, la bolsa anticipa el aumento de la actividad económica, ésta aumenta, junto con el empleo, el consumo y la inversión, hasta quizá un nuevo ciclo.
La crisis -a juicio de este autor- termina una vez que se produce el rescate de la economía por parte del gobierno, a través de subvenciones a fondo perdido, préstamos, obra pública, etc. La actuación del gobierno es indispensable y debe ser rápida y contundente, para evitar una espiral de cierre de empresas y de incremento del desempleo. En 1929 esto no se sabía, pero no hay razones para desconocerlo en la presente crisis, en especial López Obrador. Para evitar males mayores es imprescindible que los gobiernos:
-Subvencionen de manera inmediata y a fondo perdido a las empresas, sobre todo mipymes y trabajadores por cuenta propia, a los sectores más afectados y a las personas más vulnerables. Esta clase de economía la pasó de noche AMLO.
-Faciliten ayudas de liquidez (préstamos y avales) que lleguen rápidamente y sin demasiada burocracia.
Si todo se hace rápido y sin perder tiempo, la economía puede recuperarse rápidamente. Si no se toman estas medidas, puede pasar como en 2008 en que el desempleo se multiplicó por todo el mundo. Estas medidas sin duda, incrementan la deuda pública, la que hay que reducir mejorando la eficiencia pública, la corrupción y el fraude fiscal. Y si esto no es suficiente, después habrá que aumentar los impuestos. Más vale rescatar la economía durante un periodo corto de tiempo que endeudarse posteriormente por el freno de la actividad económica. Si las autoridades lo hacen y aprenden de las mejores prácticas internacionales y rescatan a la economía durante un tiempo, la crisis económica es menos profunda y más corta (Amat).
Tal parece que López Obrador aprendió las lecciones de las peores prácticas internacionales, si es que las conocía: en lugar de activar el gasto público, lo cerró salvo para sus cuates y el PIB cayó 8.5%. La recuperación de un 5% pronosticada por numerosos organismos internacionales y corredurías no la vemos viable, de lo que la caída de un 0.3% del mes de febrero no es más que un aviso. Desaparecieron un millón de empresas y 10 millones de personas se fueron a la pobreza. Como diría Joan Ginebra, un absoluto desastre.
¿Será posible que después de esta reprobada con 0 y las 350,000 personas fallecidas en la pandemia la población premie a AMLO con la mayoría en la Cámara de Diputados y la mayoría de los gobernadores? En este país todo es posible, sobre todo lo imposible.