El desarrollo estabilizador son los 15 años que van de la devaluación de 1954 y hasta 1970. El crecimiento promedio fue de 6.8%, la producción industrial creció 8% y la inflación solamente fue 2.5 por ciento. En realidad, fue un periodo de oro del capitalismo, las economías desarrolladas crecieron 4% anual, pero en esa ocasión México sí pudo participar de la bonanza gracias a las políticas económicas internas de esa época, que pueden servir de inspiración a políticas actuales que sirvan para que la economía del país logre crecer, después de décadas de estancamiento. Un documento excepcional para conocer dicha experiencia, de primera mano, es el testimonio El Desarrollo Estabilizador: Reflexiones de una Época, que publicó Antonio Ortiz Mena en el FCE en 1998. Dos excelentes reseñas que incorporan la visión de los autores sobre lo que sucedió en esa etapa son las que publicaron Eduardo Turrent en el Trimestre Económico y Carlos Tello en la revista de la UNAM Economía Informa.

El plan que elaboró Ortiz Mena en 1958 para el presidente electo, López Mateos, tenía la finalidad de resolver los problemas de alta inflación y la caída de la demanda de los productos mexicanos, una vez concluida la Segunda Guerra Mundial.

El programa pretendía incrementar el ingreso de campesinos y obreros, diversificar las actividades productivas del país, promover la industrialización, incrementar la productividad, estabilizar el tipo de cambio, generar nuevas fuentes de financiamiento para las empresas y garantizar la estabilidad interna.

Una parte central de la propuesta fue limitar la deuda al financiamiento de proyectos de inversión pública con claros rendimientos sociales, no como en años recientes, en los que se ha utilizado para pagar por el gasto corriente.

El ahorro interno, en el modelo, debería ser el motor de la inversión. Para ese fin, se desarrolló el sector financiero privado, pero también la banca pública, para financiar el desarrollo.

El desarrollo del campo era fundamental por varios motivos, para mantener balances comerciales, pero también para incrementar el consumo de la población de granos básicos.

El Desarrollo Estabilizador se basaba en una división del trabajo entre el gobierno, los empresarios, los obreros, la burocracia y los campesinos. El gobierno ofreció a los agentes económicos reglas claras y la capacidad de construir consensos. Los salarios de los trabajadores organizados crecían en términos reales y se les ofrecieron prestaciones, servicios educativos, de salud y de seguridad social.

Se mejoraba la situación de todas las clases sociales, aunque se mantenían las desigualdades en términos de ingreso.

Carlos Tello señala que esto fue posible gracias a que en esa época, la tradición y artes políticas que no estuvieron meramente al servicio de la clase dominante, por el contrario, promovieron con gran eficacia los intereses de ésta. El objetivo, en palabras de Ortiz Mena, era abatir la pobreza por medio de la incorporación de la población de menores recursos a la clase media.

La política de Ortiz Mena incluyó una profunda reforma al gasto público, para mantenerlo bajo control, especialmente del sector paraestatal, pero también para incrementar la inversión pública.

Se mejoró sustancialmente la posición financiera de Pemex por medio de políticas de control presupuestal. Al mismo tiempo, se capitalizó a la empresa con impuestos que no había pagado al Estado en años anteriores. La idea era que Pemex pagara impuestos sólo por sus utilidades reales.

A finales de la década de 1970, el modelo de desarrollo estabilizador mostró señales de crisis por motivos diversos. Algunos externos, como el alza de las tasas de interés en Estados Unidos, pero también la desigual distribución de los beneficios del crecimiento. Es decir, la continua expansión del crecimiento económico no implicó una distribución adecuada del ingreso y riqueza, lo que impidió reducir de manera más rápida la pobreza.

El desarrollo tecnológico fue escaso en sectores no petroleros, y no se generó una industria de bienes de capital.

Se señala que un proceso de apertura comercial gradual hubiera sido necesario para ganar competitividad en ciertos sectores. De hecho, la industria se desarrolló en México, pero su contribución a las exportaciones nacionales fue relativamente escasa, el país todavía dependía de la exportaciones agrícolas y mineras. No se llevó a cabo una reforma fiscal que redujera la dependencia de los ingresos petroleros y permitiera financiar de manera sana políticas sociales universales y mayor inversión en infraestructura.

El proyecto económico liderado por Ortiz Mena en los años 50 y 60 del siglo pasado deja muchas lecciones útiles para plantear un proyecto que logre reactivar la economía nacional actual, que registra niveles de crecimiento muy bajos, que tiene un sector exportador muy grande pero que, debido al bajo contenido nacional, no está ligado a la mayoría de los sectores económicos y regiones del país, lo que genera empleos con niveles salariales muy bajos.

Los gobiernos actuales, por ejemplo, han abandonado la planeación, lo que ha hecho prácticamente imposible desarrollar grandes proyectos de inversión. Se logró incrementar el consumo interno porque el salario mínimo creció 6% y el industrial 3.5 por ciento. Los salarios de los trabajadores formales se incrementaron, gradualmente, debido al incremento de la productividad, por la mayor inversión y la coordinación entre sindicatos y empresas (Ortiz Mena fundó el Centro Nacional de Productividad), la protección al empleo y mejores prestaciones laborales.

Una idea central que explica el crecimiento de la economía durante el desarrollo estabilizador es que las exportaciones y la sustitución de importaciones lograron detonar las cadenas de la mayoría de los sectores e industrias.

Un enfoque moderno de política debería plantear que, en un contexto de apertura, se busque incrementar el contenido nacional de lo que el país produce y exporta. Eso se debe realizar fundamentalmente por medio de políticas que permitan absorber y desarrollar tecnología en nuestras industrias, y ligar las soluciones a problemas nacionales como el medio ambiente, la movilidad, o la escasez de agua, al desarrollo de tecnología y soluciones nacionales. Es decir, una política industrial basada en la innovación.

Vidal Llerenas Morales

Político

Columna invitada

Licenciado en Economía por el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM), cuenta con una Maestría en Política y Gestión Pública por la Universidad de Essex, Reino Unido y un Doctorado en Administración y Gerencia Pública por la Universidad de York.