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El caso del Hospital Hidalgo
Los dramáticos casos de mujeres que han tenido que parir en el jardín, en el patio o en algún otro lugar cerca del hospital seguramente son muchos más de los que se llegan a ver en las noticias. Y a nadie extraña eso, porque ya es muy sabido que la saturación del sistema público hospitalario es una desafortunada realidad en todo el país.
A la insuficiencia de infraestructura, así como de profesionales de la salud (médicos y enfermeras), frente a un sobregasto administrativo, se suma una evidente ineficiencia en el ejercicio de los recursos.
El caso del Hospital Hidalgo en la ciudad de Aguascalientes es poco conocido, pero muy representativo de lo que llega a suceder con los recursos públicos, en particular con el presupuesto del Seguro Popular, que se va para las entidades federativas, sin exigencia de reportes o transparencia en su ejercicio.
El Hospital Hidalgo, con una historia y prestigio de más de 100 años, vive desde hace tiempo una saturación insostenible. Su índice de ocupación está arriba de 117% y en temporadas rebasa 124%; cuando un hospital ya tiene más de 85% de ocupación, debe pensarse en su sustitución. No dudemos que muchos otros hospitales de tercer nivel tienen este problema y por ello es que no hay camas para todos los enfermos, que a veces se quedan en los pasillos o en urgencias por mucho tiempo.
El Hospital Hidalgo oficialmente es de segundo nivel, porque no logra la clasificación desde el punto de vista estructural, pero en los hechos opera como de tercer nivel. Es el que más trasplantes hace en el país (más de 100 renales por año), tiene cirugía a corazón abierto y tiene un elevado prestigio.
La Federación autorizó los recursos para la ampliación o sustitución del Hospital Hidalgo al anterior gobernador panista, Luis Armando Reynoso Femat. Pero éste quiso hacer un proyecto arquitectónico muy ambicioso, de tal tamaño que rebasó con mucho los costos y hay sospecha de irregularidades.
El caso es que se agotaron los recursos, la Federación ya no quiso enviar más y la construcción es un enorme elefante blanco desde hace casi 4 años. Se ha dicho que los terrenos de la construcción no son los apropiados para un hospital (ahí era la central del ferrocarril) y se llegó a pensar en convertirlo en hotel, con inversión privada.
Bueno sería que pudiera terminarse bajo el esquema de Asociación Público-Privada, pero el caso se emproblemó tanto que habría que ver si hay empresas interesadas en concluirlo.
Fueron más de 1,000 millones de pesos los que el Seguro Popular envió para dicha obra y no le alcanzaron al gobernador Reynoso Femat. Si no se concluye la obra, serían 1000 millones de pesos tirados a la basura. Con el nuevo gobierno -ahora priísta- parece que se ha convencido al gobierno federal, también priísta, de volver a entregar recursos para que -ahora sí- se concluya dicho hospital, tan necesario no sólo para Aguascalientes, sino para toda la región del Bajío. Una tercera parte de sus pacientes son de fuera de Aguascalientes; llegan de Zacatecas, de Jalisco, de San Luis Potosí y por eso es una necesidad regional.
Todo parece indicar que se incluyeron en el Proyecto de Presupuesto 234 millones de pesos para terminar al menos lo más urgente: el área de Oncología, de Gobierno y una de las cinco torres planeadas originalmente. Está por verse si con todos los cambios negociados en el Legislativo qué tanto se mueve el presupuesto para el Sector Salud, incluido el Seguro Popular, pero de ser así, lo importante sería que dichos recursos tengan verdaderos candados y se ejerzan en efecto para lo que están destinados, de la manera más eficiente. Porque los ejemplos de desvíos de recursos de Salud ya son varios, y no sólo es el de Andrés Granier, en Tabasco. Recordemos que en Aguascalientes está el antecedente de un tomógrafo perdido, es decir fue supuestamente adquirido por 15 millones de pesos, que nunca apareció.