Durante muchas décadas, la demanda de energía a nivel mundial siguió un patrón predecible, lo que permitió a las centrales eléctricas mantener una producción estable de energía, así como anticipar las necesidades de todos sus usuarios.

Sin embargo, en el 2013, el Operador de Sistema Independiente de Energía de California dio a conocer una gráfica—conocida hoy como duck curve—en la cual evidenció el nuevo reto que implica equilibrar la oferta y la demanda en la red eléctrica debido a la incursión de la energía fotovoltaica, y otras energías renovables, a gran escala.

El efecto de la “curva de pato” se debe a que la generación fotovoltaica durante el día ocasiona un exceso de energía en la red eléctrica, pues es durante estas horas cuando más energía fotovoltaica se genera, pero menos se consume, mientras que llegada la noche el consumo energético alcanza su pico máximo al tiempo que la generación fotovoltaica es nula. Dicho en otras palabras, la incapacidad de almacenar la energía fotovoltaica para su uso futuro da como resultado una red eléctrica ineficiente que impacta los precios, los flujos y la calidad del servicio eléctrico.

Por esta razón, las tecnologías de almacenamiento de energía jugarán un papel revolucionario y exponencial en el avance de la energía solar, pues será a través de esta capacidad tecnológica que podremos incursionar en una nueva red de abastecimiento de energía, donde los hogares podrán ser autosuficientes en su consumo eléctrico —generar la energía durante el día y consumirla en la noche— a la vez de tener la capacidad de vender su excedente a vecinos o a la red eléctrica nacional.

Hoy ya estamos en marcha hacia este nuevo paradigma energético. De acuerdo con un estudio de Deloitte, el mercado del almacenamiento de energía podría alcanzar los 26,000 millones de dólares para el 2022, mientras que el crecimiento del sector entre los usuarios finales experimentará un crecimiento de 172 MW en el 2014 a 12,147 MW en el 2024.

Un ejemplo tangible de este crecimiento se puede ver en los precios de las baterías de ion de litio, los cuales desde el 2013 han caído 73%, mientras que su consumo a nivel global aumentó 232% en el 2019. Aunado a esto, la fusión de otras tecnologías con la energía fotovoltaica como la inteligencia artificial, el Internet de las Cosas, big data, blockchain y avances en materiales y compuestos nanotecnológicos aumentan año con año la eficiencia, la rentabilidad y la confiabilidad de los sistemas fotovoltaicos y de las tecnologías del almacenamiento de energía.

En este camino exponencial de la energía solar, México jugará un papel líder al ser el tercer país con mayor irradiación solar en el mundo y el país con el yacimiento de litio más grande del mundo con 241 millones de toneladas probadas.

Con el objetivo de impulsar el papel de México como una potencia solar, la segunda edición de Solar Power México 2020 (www.solarpowermexico.mx), la feria líder para la energía fotovoltaica en el país, a celebrarse del 24 al 26 de marzo del 2020 en el Centro Citibanamex, ofrecerá a todos sus asistentes lo último en tecnología fotovoltaica a nivel global, un programa de conferencias especializado en el sector impartido por expertos del sector público y privado, así como una nueva sección especializada en los diferentes tipos de tecnologías de almacenamiento de energía

*El autor es Director de Solar Power México.