Existe el riesgo de que el hartazgo ciudadano sirva de bandera a gobiernos “antisistema” para desconocer lo que “sí ha funcionado” y destruir las instituciones que propician el crecimiento económico

“Los países escapan de la pobreza sólo cuando tienen las instituciones económicas apropiadas. Éstas se desarrollan con mayor probabilidad en un sistema político plural, con un amplio electorado y con líderes políticos con apertura”. Gary Becker.

En los últimos años, varios gobiernos han llegado al poder, aprovechando el hartazgo de los ciudadanos hacia los políticos tradicionales. Este hartazgo puede ser justificable ante la percepción de una desigualdad creciente y del bajo crecimiento a nivel mundial. Existe el riesgo de que el hartazgo ciudadano sirva de bandera a estos gobiernos “antisistema” para desconocer lo que “sí ha funcionado” y destruir las instituciones que propician el crecimiento económico.

Ante este entorno, hace sentido incorporar algunas reflexiones del libro Por que fracasan los países de Daron Acemoglu y James Robinson, publicado en el 2012, que aún siguen vigentes. La tesis básica es que las economías no logran un crecimiento sostenible, cuando carecen de instituciones y contrapesos que impulsan la inversión y la innovación a través de los incentivos adecuados. La falta de contrapesos provoca que se favorezca a ciertos segmentos de la población a costa de otros, que la impartición de justicia no sea pareja y que estén en riesgo los derechos de propiedad, factores que, sin duda, limitan el crecimiento económico.

En el mismo sentido, el libro Cómo salvar una democracia constitucional de Tom Ginsburg y Aziz Huq plantea el concepto de “erosión democrática”, es decir, la degradación de la protección legal a los ciudadanos, servidores públicos y opositores políticos, que va de la mano con el debilitamiento de las instituciones independientes.

En este artículo dividido en tres partes, analizaré varios ejemplos históricos donde se compara el crecimiento económico en países que han carecido de instituciones independientes, con países que sí han contado con éstas. Empiezo con el análisis de España, Inglaterra y Holanda en los siglos XVI, XVII y XVIII.

Con el descubrimiento de América en 1492, los Reyes Católicos, Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, sentaron las bases para que España lograra una riqueza incalculable. La plata y el oro provenientes de las minas de Zacatecas y Guanajuato, en México, y de El Potosí, en Perú, fluyeron de manera continua al continente europeo por varios siglos. Adicionalmente, el matrimonio de Juana, hija de Fernando e Isabel, con Felipe, archiduque de Flandes y Borgoña, le permitió al emperador Carlos V heredar un imperio vasto, como lo muestran sus diferentes títulos: emperador del Sacro Imperio Romano Germánico, rey de España y sus colonias, rey de Nápoles, Sicilia y Cerdeña, duque de Borgoña, soberano de los Países Bajos y archiduque de Austria.

A pesar del gran poderío español, después de tan sólo 36 años del inicio de la conquista de la Nueva España, la corona española, bajo el reinado de Felipe II, sucesor de Carlos V, incumplió con los pagos de su deuda externa. Este hecho ocurrido en 1557 fue el primero de una serie de incumplimientos de pago en los siguientes 100 años. La entrada de metales preciosos en grandes cantidades a España no fue suficiente para compensar una serie de campañas militares (contra los musulmanes y los protestantes) y una mala administración de los recursos fiscales. Para Felipe II, al no contar con contrapesos políticos que impusieran límites a su gobierno autocrático, se le hizo fácil incumplir sus compromisos financieros, lo que tuvo consecuencias serias para España.

La corona española nunca había mostrado mucho respeto por las instituciones. Desde finales del siglo XV, se violaron descaradamente los derechos de propiedad (entre otros derechos) con las expulsiones de las poblaciones no católicas y la expropiación de sus bienes. Además, se favorecía la creación de monopolios, como lo muestra la decisión de los Reyes Católicos de dejar, en manos del gremio de mercaderes de Sevilla, el control del flujo comercial entre España y sus colonias. Esta restricción al comercio, que benefició en el corto plazo a la Corona, impidió que se formara una base amplia de empresarios que desarrollara la actividad económica en todo el reino. El desprecio por las instituciones y la falta de contrapesos inhibieron el espíritu empresarial y la innovación, lo que explica en gran medida el declive español desde principios del siglo XVII.

A diferencia de España, Holanda respaldó instituciones que permitieron la innovación y el crecimiento. La región de Flandes, integrada por lo que hoy es Bélgica, Holanda y Luxemburgo, estaba bajo el dominio de España. Las ciudades principales de la región, Amsterdam, Amberes, Brujas y Gante, se opusieron al aumento de impuestos que les exigió la Corona española para financiar su creciente déficit, iniciando su lucha de independencia en 1581.

Las provincias holandesas ya habían desarrollado una serie de instrumentos financieros y creado una base amplia de inversionistas, esto les permitió financiar su lucha por independizarse de España. Como lo comenta Niall Ferguson en su libro El triunfo del dinero, la deuda holandesa se quintuplicó de 1632 a 1752, pero esto no inquietó a sus ahorradores, que tenían plena confianza en sus instituciones. Desde 1602 se había fundado la Compañía Holandesa de las Indias Orientales que incursionó en la búsqueda de rutas comerciales para importar telas, metales y especias de Asia. Esta compañía fue el primer modelo de sociedad accionaria donde los inversionistas podían adquirir deuda o acciones emitidos por la compañía y diversificar sus riesgos. De ahí surgió la idea de crear la primera Bolsa de valores de la historia, fundada en Amsterdam en 1608. Ademas se fundó en 1609 el banco de intercambio, que fue el primer banco central en el mundo. Estas tres instituciones, la Compañía de las Indias Orientales, la Bolsa y el banco central, funcionaron como pilares de un nuevo modelo económico, muy diferente al monopolio comercial en España.

El modelo holandés de espíritu empresarial, sentido común y trabajo duro fue acompañado de instituciones que garantizaban que los compromisos financieros se cumplieran, lo que motivó la inversión y la innovación. Mientras Holanda iniciaba la Edad de Oro de su imperio, que fue acompañada por un gran desarrollo en el arte, donde sobresalieron pintores como Rembrandt, Hals y Vermeer, España iniciaba su decadencia.

Otra historia de desarrollo de instituciones que favorecieron la innovación y el crecimiento se dio en Inglaterra, que empezó a competir en el siglo XVI por el comercio internacional con España. La reina Isabel I de Inglaterra patrocinó a grupos de piratas para atacar los galeones españoles repletos de metales preciosos provenientes de América y, además, derrotó a la Armada Invencible española en 1588. En 1600 Inglaterra se fue institucionalizando al fundar la Compañía Inglesa de las Indias Orientales (unos años antes que su par holandesa), lo que, a diferencia de España, le permitió crear una base de comerciantes que sirvieron de contrapeso a la corona. Después de la Revolución de 1688, donde se destituyó al rey James II y se nombró al rey Guillermo III de Orange, quien era holandés y protestante, varias innovaciones holandesas se importaron de Amsterdam a Londres. Se creó el Banco de Inglaterra en 1694 (copiándole a Holanda la idea de un banco central) y se desarrolló un mercado de bonos muy profundo, lo que le permitió a Inglaterra financiar sus campañas militares. La Revolución de 1688 impuso contrapesos al poder del rey, otorgándole al Parlamento poderes para revisar a fondo las finanzas reales y abriendo el sistema político a amplios sectores de la sociedad. Mientras en España se fortalecía el absolutismo, los monarcas ingleses tenían que solicitarle al Parlamento permiso para aumentar los impuestos.

De esta manera, Inglaterra pudo detonar su crecimiento a partir de una revolución política, que permitió el desarrollo de instituciones y contrapesos que favorecieron grandes cambios económicos.

En la segunda parte de esta serie, analizaré el caso de Europa Oriental, cuyas instituciones autoritarias han sido una limitante para su crecimiento sostenido, imponiendo un freno al desarrollo de la democracia en la actualidad. En la tercera parte, revisaré los grandes contrastes institucionales entre el norte y el sur de Estados Unidos y comentaré sobre dos eventos que pusieron a prueba la fortaleza de sus instituciones. También analizaré el caso de Argentina con sus fallidos intentos democráticos y su crónica falta de crecimiento económico.

Termino con una frase de Acemoglu y Robinson: “No es casualidad que la Revolución Industrial empezara en Inglaterra, donde los grandes inventores pudieron aprovechar las oportunidades generadas por sus ideas, teniendo la confianza de que los derechos de propiedad serían respetados”.

*El autor es director general de Banca Privada y Mercados de Grupo Financiero Monex. Sus opiniones son estrictamente personales y reflejan su interés en aprender de la historia.