El arte de hoy en día es estúpido. Ya lo decidí. Lo pensé recorriendo la exposición de Caravaggio en el Munal. Era arte hermoso, tenía significado, y sobre todo estaba hecho para quedarse con nosotros por siglos.

Luego pienso en las obras que he visto en los últimos 10 años. Casi no puedo recordar ninguna, ni siquiera a las que les di buena reseña. El problema es mío, dirán, pero también es cierto que estamos pasando por una crisis de significado en el arte contemporáneo.

Y eso no es necesariamente tan terrible ¿Por qué? Porque lo que hace al arte contemporáneo precisamente arte de hoy es que se ha dedicado a romper barreras y lastres históricos. Estamos todavía en un momento en que el arte está creando sus nuevos códigos.

Claro que en la creación de estos códigos se está perdiendo la comunicación con el público y a nadie le gusta sentirse fuera de la fiesta. “¡Eso no es arte!” gritan las masas enfurecidas y en muchos casos tienen razón.

¿Y los demás casos? ¿Nos estamos perdiendo de grandes vivencias solo porque somos demasiado obtusos? Cuando entro a una exposición en, digamos, el Museo Jumex y veo un enorme texto curatorial en la pared ya sé que me voy a encontrar con manchas pegadas en la pared que se supone significan arte. Los curadores pueden hablar de modo grandilocuente de la obra expuesta, pero si uno no se siente emocional o intelectualmente interesado la exposición ha fallado.

El arte hoy está atrapado entre varias corrientes ideológicas. Quedan resabios del utilitarismo soviético, en el que todo art debería tener un significado social que impulse la revolución. Pero reitero que son resabios.

Está la corriente más importante: el capitalismo. Nadie lo ha entendido mejor que artistas como Jeff Koon, Ai Weiwei y Demian Hirst. Se trata de vender, vender, vender. En el caso de Weiwei hay al menos un alcance político, pues se trata de un disidente del gobierno chino que se la juega en la raya. ¿Pero así debería ser? ¿Para disfrutar el arte de Ai Weiwei tendríamos que tener en cuenta que su vida está en peligro con cada creación?

Contexto es la palabra aquí. Para entender el arte contemporáneo lo que se necesita es saber todo lo que existe alrededor de la pieza. Siempre hay una historia. O al menos hay un trabajo que vale la pena conocer.

Pero volvemos a los códigos. ¿Cómo recuperarlos? Ese debería ser el problema clave que deberían estar enfrentando artistas y curadores. Tal parece que piensan que acercarse al público es tener que volverse tontos y es profundamente triste.

Los artistas son lo que podemos llamar “avisadores del fuego”. Durante siglos los artistas nos han hablado de las revoluciones que vienen. Filósofos y artistas se han adelantado a científicos e investigadores para decirnos que el mundo va a cambiar.

Si los artistas sólo están interesados en cuánto va a costar su nueva pieza en la próxima subasta, hemos perdido. El arte de verdad se ha vuelto estúpido.

Concepción Moreno

Columnista y Reportera

Garage Picasso