“Los seres humanos estamos más solos, somos más consumistas, menos felices, más estresados, con más inquietudes, comemos peor”, posiblemente sí, posiblemente no. Todo depende del cristal con que se mire y del método con el que se compare.

“Todo tiempo pasado fue mejor” aplica a la condición humana no como un reflejo de la realidad, sino como el reflejo de una constante inquietud del ser humano por buscar mejores condiciones de vida.

Desde tiempos antiguos, podemos ver a partir de fuentes históricas cómo las personas se quejaban, por ejemplo, sobre los cambios constantes en los alimentos que llevaban a su mesa y cómo en tiempo pasado todo fue mejor. Pareciera que a la par que avanza la ciencia y tecnología, las personas sentimos esa nostalgia del pasado que hace que vivamos las cosas como si fuera un retroceso. Es verdad que los medios de producción de alimentos han cambiado y muy probablemente su sabor también (esto no lo podríamos evaluar mas que de manera meramente subjetiva). Como la comida es algo efímero, es muy difícil establecer comparaciones objetivas sobre algunos aspectos de los alimentos. Lo que sí sabemos es que gracias a la ciencia y la tecnología el manejo higiénico de los alimentos ha hecho más fácil su manejo y conservación. Es decir, se han sustituido tanto los aspectos perjudiciales como los aspectos benéficos.

En la cuestión del bienestar ligado a estilos de vida saludables en donde la alimentación juega un papel central, el cambio de costos y beneficios ha tenido sus consecuencias. Mientras que algunas epidemias se han controlado, se han sustituido por otras. Lo que es un hecho es que la esperanza de vida promedio de las personas ha aumentado significativamente. Aquí habría que preguntarnos sobre esa necesidad de las personas de vivir más y mejor, con qué objetivo. Es un hecho que todas las personas quisiéramos mejorar nuestra calidad de vida en diferentes aspectos y a diferentes escalas. Justo en esta diferenciación de las escalas es donde nos damos cuenta de la constante insatisfacción. Mientras que para algunos mejorar su calidad de vida puede implicar simplemente tener algo que llevarse a la boca, para otros mejorarla puede implicar consumir sólo alimentos producidos bajo ciertos estándares y comercializados en ciertos contextos, no importando su precio. La paradoja en la que parecemos estar constantemente atrapados es intentar alcanzar un punto máximo de bienestar que parece nunca llegar y, al mismo tiempo, sentir que en el pasado todo era más simple o mejor.

Más allá de apreciaciones subjetivas, la estadística histórica y los estudios históricos nos demuestran formas en las que la comparación presente/pasado intenta acercarse a una comparación objetiva. Esa tentación nostálgica de las personas sobre el pasado es parte de esa manera de vivir la incertidumbre que nos genera naturalmente el futuro. A medida que el tiempo pasa, sentimos que las condiciones de vida del pasado también conllevaban cierta ingenuidad.

Hoy el futuro de nuestra alimentación enfrenta retos en diferentes áreas que, sin duda, generan incertidumbre: ¿se podrá reducir la prevalencia de obesidad? ¿podremos asegurar el consumo de alimentos para todos sin repercusiones en la sustentabilidad? El avance de la ciencia y la tecnología es determinante para estos aspectos, pero también la forma en la que las sociedades adopten y perciban los cambios que se avecinan, y éste es el verdadero reto para todos.

@Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.