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Opinión

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El IMSS, Seguridad Social desvirtuada

El día de ayer en su blog, Luis Miguel González, director editorial de El Economista, se preguntaba si el IMSS se atreverá a reducir las pensiones de más de 1 millón de jubilados como consecuencia de la situación financiera del Instituto y una reciente resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Hasta hoy, el IMSS no ha emitido declaración alguna, porque no ha recibido formalmente la notificación de la Suprema Corte de Justicia de la Nación.

La situación del IMSS es precaria, pues el oneroso costo de mantener las conquistas sindicales lo está orillando a dejar de invertir en clínicas y hospitales y amenaza las pensiones de sus derechohabientes.

Aunque el IMSS cuenta con más de 18 millones de asegurados totales y más de 49 millones de derechohabientes, las prestaciones de sus empleados y jubilados, así como sus costos, son descaradamente asimétricas con respecto a las de sus derechohabientes.

El IMSS gasta 45 millones de pesos al año en prestaciones económicas para sus 18 millones de asegurados totales, y dedica más de 13 millones de pesos a obligaciones contractuales de sus casi 300,000 trabajadores y 150,000 pensionados.

Asimismo, la inversión del IMSS en nuevas clínicas y equipo médico representa sólo una fracción de lo que se provisiona cada año para cumplir con obligaciones contractuales establecidas con el Sindicato Nacional de Trabajadores del Seguro Social (SNTSS).

Al ritmo actual, se dejarán de abrir nuevos hospitales y clínicas en este mismo año. En poco tiempo, será necesario comenzar a cerrar instalaciones y recortar pensiones de los derechohabientes debido a que no será posible para el IMSS cubrir sus gastos de operación. Sin el subsidio del erario público, el IMSS tendría que empezar a negar servicios.

El IMSS, a pesar de ser un pilar de la seguridad social en México, se ha convertido en un mecanismo de transferencia de riqueza de los contribuyentes y derechohabientes a los agremiados bajo SNTSS. Bajo las condiciones actuales, el costo de las jubilaciones y pensiones de los trabajadores del SNTSS hace financieramente inviable al IMSS.

Para que el IMSS sea viable hay cuatro opciones:

1) Aumentar las cuotas obrero-patronales; 2) Incrementar el subsidio del gobierno federal; 3) Subrogar servicios del IMSS, y 4) Limitar los privilegios del SNTSS. Las primeras dos opciones constituyen una mayor transferencia de riqueza de los contribuyentes y derechohabientes a unos cuantos privilegiados que forman parte del SNTSS.

La opción de subrogar servicios podría ser una buena solución a largo plazo si estuviera bien regulada y supervisada. Pero sucede todo lo contrario.

No hay que olvidar que el IMSS es una aseguradora y no una organización que se haya creado para operar clínicas y hospitales.

Como todas las aseguradoras del mundo, el Instituto debe de enfocarse en su actividad primaria, que es administrar riesgos, y dejar en manos de terceros la operación de los servicios relacionados con las eventualidades de sus asegurados.

La solución más justa y que implica un mayor bienestar para la mayoría, es decir los derechohabientes del IMSS, es la de acompañar cualquier aumento a las cuotas o incremento del subsidio del gobierno federal con una reducción tangible a los privilegios del sindicato.

Es necesario que la representación tripartita del IMSS reconozca el problema de fondo detrás del deterioro financiero del Instituto, y tomen iniciativas para acotar la influencia del sindicato sobre el manejo de los recursos del IMSS.

También deberán exigir a los líderes sindicales una mayor transparencia y rendición de cuentas para conocer en qué se han gastos los millonarios recursos que se transfieren al sindicato para financiar sus actividades.

Por vacaciones, esta columna se volverá a publicar hasta el 17 de agosto.

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