Aunque está fuera de la ciudad mi corresponsal en León, Guanajuato, el licenciado Vicente Gutiérrez Rodríguez, no deja de avisarme de algunos acontecimientos sucedidos en nuestro querido estado de Guanajuato que puedan interesar y encajar en el estilo de la columna que usted está leyendo.

Esta vez me envió una nota publicada en el portal digital de noticias zonafranca firmada por Carmen Pizano sobre las declaraciones del gobernador guanajuatense, el panista, Miguel Márquez Márquez, quien anteponiendo a los verdaderos problemas que aquejan a la entidad como la inseguridad, el escaso desarrollo social y el rezago educativo, planea firmar un decreto gubernamental para prohibir la celebración del Halloween, por no ser una tradición mexicana.

El gobernador reprochó a los estudiantes del estado que hayan excluido las tradiciones nacionales para adoptar las de otros lugares. Aseveró que si el estudio que realiza la Secretaria de Educación de Guanajuato (SEG) determina que los estudiantes están olvidando las tradiciones mexicanas, se firmaría en decreto la prohibición de las celebraciones de otros países.

En entrevista con la reportera ya citada el señor Márquez declaró: “Nos están ganado este tipo de tradiciones y no sería deseable ni bueno para el país”. “Entonces —preguntó Carmen Pizano— ¿fue un comentario serio en relación a que se prohíba de verdad el Halloween?”. Con la sintaxis que caracteriza a la mayoría de los políticos panistas, don Miguel contestó: “¡Claro! Si a mí los maestros, la misma SEG haciendo un estudio, un análisis, porque el mío es muy superficial, pero se detecta que esto está generando que nuestras niñas y nuestros niños estén dejando de lado nuestras tradiciones por asumir otras, lo firmo con gusto”.

En comentario aparte el mandatario guanajuatense aseveró: “Soy un convencido de nuestra tradición y cultura, que son Patrimonio de la Humanidad y no es posible que estemos importando tradiciones que no son nuestras, que son puro consumismo, es pura mercadotécnica, no tienen fondo. Vemos nuestras tradiciones y todas encierran valores, unidad familiar, vemos el amor, el respeto, el cuidado a la naturaleza, respeto a nuestros antepasados”. Entre las que el gobernador considera familiares, amorosas, respetables y no consumistas tradiciones mexicanas enlistó: Día de la Madre, Día del Niño, las Posadas, entre otras. También mencionó la desplazada por el Halloween, Día de Muertos.

El posible decreto pensado por el gobernador Márquez me recordó una anécdota del presidente Pascual Ortiz Rubio alguna vez referida en alguna de mis columnas y que yo extraje del libro Biografía de una Nación de don José Fuentes Mares. Escribió el historiador chihuahuense que durante el Maximato de don Plutarco Elías Calles, la nación era una especie de empresa cuyo presidente del Consejo de Administración era el Jefe Máximo de la Revolución, es decir, el general Calles, con facultades ilimitadas, mientras que el gerente de la empresa era el presidente de la República, en el caso que nos ocupa el timorato ingeniero Pascual Ortiz Rubio, al que se le ocurrió “sustituir a los Santos Reyes por Quetzalcóatl en las celebraciones populares del 6 de enero. Parece que don Pascual llegó a derramar lágrimas de ternura ante la idea de que los niños mexicanos se preguntaran ese día: ¿Qué te trajo Quetzalcóatl?”.

Esta misma anécdota aparece consignada en el nuevo libro México Bizarro de Alejandro Rosas y Julio Patán, con la diferencia de que a quien sustituye Quetzalcóatl no es a los Santos Reyes sino a Santa Claus. Los autores del mencionado libro, escribieron que el 27 de noviembre de 1930 apareció en los periódicos una nota que “dejó perplejos a propios y extraños; era una noticia que parecía propia del 28 de diciembre, Día de los Inocentes, pero no, los periódicos anunciaron: Quetzalcóatl será símbolo de la Navidad en nuestro país”. La nota señalaba que el licenciado Carlos Trejo y Lerdo de Tejada se habían reunido con el presidente Ortiz Rubio y “durante la comida acordamos la conveniencia de sustituir a el símbolo de Santa Claus por el de Quetzalcóatl, divinidad que sí es mexicana”; el cambio tenía como fin “engendrar en el corazón del niño amor por nuestra cultura y nuestra raza”.

Aunque no soy más que un simple aficionado a la lectura recomiendo el libro de Rosales y Patán, no sin dejar de comentar que el adjetivo bizarro que completa el título del libro no está usado en su significación española de valiente, generoso, espléndido; sino en su acepción del inglés, que a su vez proviene del francés “bizarre” que significa raro, extraño, excéntrico, poco común.

Artículo personal

Ya que surgió el nombre de Santa Claus vino a mi memoria una anécdota personal. Cuando nació mi primer hijo estaba yo envuelto en la onda contracultural y en los anticonvencionalismos sociales. Así fue que me propuse educarlo sin las mentiras clásicas de la cigüeña, Santa Claus y los Reyes. Desde la primera Navidad supo que el regalo recibido se lo hacíamos sus padres, no un pinche extraño y barbón gordito vestido de rojo.

A los cuatro años asistió a un kínder del gobierno. Un día la maestra nos habló a sus padres para decirnos, un tanto cuanto escandalizada y en son de queja, que nuestro hijo les había dicho a sus compañeritos que Santa Claus no existía. Lo único que se me ocurrió fue preguntarle: ¿Maestra, y existe? Enmudeció.

Manuel Ajenjo

Escritor y guionista de televisión

El Privilegio de Opinar

Guionista de televisión mexicano. Conocido por haber hecho los libretos de programas como Ensalada de Locos, La carabina de Ambrosio, La Güereja y algo más, El privilegio de mandar, entre otros.