Nada volverá a ser igual, y en los negocios menos. Ante la falta de una estrategia de apoyos fiscales, créditos más acordes a la economía mexicana y un verdadero soporte a las condiciones del país, todo se debe hacer bajo las luces que se dejan entrever en las leyes actuales.

El cierre de empresas vía quiebras será lo que escucharemos, no necesariamente por que quebraron. Las condiciones monetarias para mantenerse abiertas o subsistir son imposibles, con ingresos nulos y egresos que se mantienen intactos o al alza.

Al parecer una alternativa es quebrar, y evitar toda una serie de pagos y gastos imposibles de afrontar.

Y es que todos los empresarios esperaban que el gobierno Federal de Andrés Manuel López Obrador diera el anuncio de contingencia sanitaria, como lo ordena la Ley Federal del Trabajo en su artículo 42-Bis, la cual daría un respiro en este proceso de freno económico.

Las empresas hubieran podido indemnizar a razón de salario mínimo por 30 días a sus trabajadores, y posteriormente, los trabajadores serían responsabilidad del Estado, como ha sucedido en la mayoría de países.

Ejemplo de ello, Dinamarca, donde el gobierno asumió 70% del salario de los trabajadores; Estados Unidos a través del seguro de desempleo hizo lo propio, e incluso República de El Salvador que otorgó estímulos fiscales.

Sin embargo, el gobierno mexicano utilizó todas las herramientas posibles para darle la vuelta y eludir su responsabilidad al no declarar la contingencia sanitaria y decretó el 30 de marzo de 2020, a través del Consejo de Seguridad General, Emergencia Sanitaria por causa de fuerza mayor.

Situación que obliga, desde entonces, a los patrones continuar pagando a los trabajadores sus salarios y prestaciones íntegras.

Es cierto, que pudo haber acuerdos vía las Juntas de Conciliación, pero da la casualidad que muchas de estas se encuentran cerradas.

De ahí y ante la falta de programas que les permitan pasar este freno a la economía, y prepararse para la reapertura de labores, muchos están optando por la quiebra.

Ya se habla en las Juntas de Consejos que un 30% de las empresas en México, en su mayoría micros, pequeñas o medianas, no regresarán al mercado cuando éste vuelva a reactivarse.

No es cosa menor, porque en dicha medida la mano de obra se quedará en el limbo, además, en esta reapertura las condiciones sanitarias marcarán el ritmo del trabajo, tiempos y estructura.

Se calcula que el distanciamiento que se requiere, mientras no haya una vacuna para combatir al Covid-19, hará que muchas empresas opten por seguir con home office, dejando caer la renta de espacios.

Y en el caso de diferenciar condiciones, implicará una reducción de plantilla de entre 20 y 30%, panorama que complica el retorno como se venía dando en el 2018. La reactivación de la economía en junio y las buenas acciones como es el T-MEC, no alcanzarán para que todos los mexicanos y empresas retomen su rumbo, no sin ayuda de un programa real.

Menos cuando las indemnizaciones por la cancelación de inversiones y la aplicación de impuestos se mantienen latentes. Primero viene el apoyo o rescate de un país, para entonces, y sólo posteriormente, retomar el rumbo con una reforma fiscal.

En fin, las llamadas de ayuda de empresarios de todos los rubos se hacen llegar al Gobierno Federal, y la fecha para retomar la economía, se avecina, y hay quien nos asegura podría llegar la ayuda vía presiones del vecino país, Estados Unidos. ¿Será?

Marielena Vega

Conductora

Salud, dinero y negocios

Socia Cofundadora, y conductora del programa de radio Salud, Dinero y amor. Programa de finanzas, negocios, economía y bienestar.