Vivimos en una era llena de cambios drásticos. Donde las transformaciones parecen haberse saltado procesos evolutivos para romper con lo tradicional e imponer una nueva cultura de consumo sustentada en plataformas digitales. Lo importante es la novedad, romper modelos de negocios establecidos y ser disruptivos. Abrazar totalmente a la nueva economía colaborativa que será la que indique el camino a seguir durante el siglo XXI.

Lo importante al promocionar la modernidad es, como suena, olvidarse del fondo para centrarse en la forma. Aprender de los mejores publicistas, de los demagogos y de los populistas. Brindar una media mentira que tape los ojos a lo que no desea ser visto. ¿Por qué ocuparse de quienes protestan? ¿Por qué escuchar a quienes viven en el pasado? ¿Por qué no aceptar como última verdad las canciones de Barlow o al menos su declaración de independencia del ciberespacio?

Es sumamente importante hacer creer que una transacción al ser originada por un programa de software no responde a las mismas leyes del mundo presencial. No importa que la única porción binaria sea la contratación del servicio. Hay que justificar que empresas del mundo digital con cientos de millones de dólares en ganancias puedan recibir dinero de reembolso de sus tributaciones impositivas mientras padres y madres solteras tienen que solicitar planes de pago para poder cubrir con los onerosos pagos de impuestos que les impone el gobierno.

Hay que aceptar que pagar por un transporte por medio de una aplicación móvil no es contratar un servicio, sino simplemente ser usuario del mismo, título que también le toca asumir al conductor. Simple juego de palabras aparentemente inocente pero que guarda tras de sí una finalidad macabra: pagos por debajo del salario mínimo, ningún tipo de beneficio para el conductor y, en caso de algún accidente, ningún tipo de seguro para el conductor. Lo importante es poder cobrar hasta 80% de lo que se le factura a algún cliente y dejar 20% de limosna restante al conductor.

Lo increíble es escuchar a tantos expertos, especialistas, analistas, consultores, chamanes, gurús y representantes de las ciencias ocultas defender la posición de que un servicio como Uber no puede someterse a las leyes fiscales de ninguna jurisdicción porque corresponde a un mundo totalmente aparte al tradicional. Claramente hay una gran diferencia en contratar un servicio por esa plataforma y hacerlo por portales como Despegar.com en América Latina o Expedia.com en los Estados Unidos. Como cantaba el dominicano Wilfrido Vargas: “Por la plata baila el mono”.

Lo más triste de lo anterior es que mientras los conductores de estos servicios son maltratados por empresas como Uber, la gran mayoría de ellos no se da cuenta que apenas son una molestia pasajera para una organización que tiene como objetivo final reducir costos. Tanto experimento con auto que se puedan manejar de forma autónoma es simplemente el proceso evolutivo que dejará a los miles de conductores de aplicaciones colaborativas sin trabajo.

Hay que reiterar que quienes cobran por brindar servicios a través de estas plataformas también son considerados usuarios aunque tienen que responder con políticas bastante estrictas que imponen estas nuevas empresas digitales. Es simplemente una nueva esclavitud digital donde los beneficios son aún mayores que la antigua esclavitud abolida en el siglo XVIII porque las ganancias que producen estos esclavos no pagan impuestos.

Queda a los funcionarios públicos imponer normas a empresas del mundo colaborativo que se siguen escudando en una declaración de independencia tan antigua como obsoleta. El camino no es sencillo pero es factible y excusas que equiparan el pagar impuestos con ser inviable no deben ser consideradas, pues de lo contrario lo que hace el Estado al no cobrarle es darle un subsidio que sacará del mercado a aquellas empresas que tengan una estructura de costos mayor.

*José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC.

JoséF. Otero

TIC y Desarrollo

José F. Otero tiene más de 20 años de experiencia en el sector de las TIC. Esta columna es a título personal.