Dos eventos relacionados con el sector energético de nuestro país, ocurridos entre el sábado pasado y ayer 28 de diciembre, son representativos de lo que significa la 4T para el futuro de México. Por un lado, el sábado 26 la Secretaría de Economía publicó en el Diario Oficial de la Federación el “Acuerdo que establece las mercancías cuya importación y exportación está sujeta a regulación por parte de la Secretaría de Energía”.

Como consecuencia de ese acuerdo, se elimina la posibilidad de obtener permisos de importación o exportación de hidrocarburos o petrolíferos con una vigencia de 20 años, que en un acto de desmedida generosidad por parte de la Secretaría de Energía, serán reemplazados por permisos con vigencia de cinco años; se establecen requisitos y condiciones adicionales para su obtención; se dificulta la posibilidad de renovarlos; y se agregan causales de revocación de estos instrumentos. Es decir, todo un dechado de ejemplos de cómo perturbar el horizonte de planeación de los agentes económicos y con ello, generar nuevas fuentes de incertidumbre, tan nociva para las aspiraciones de recuperación económica y de crecimiento para los próximos años.

La Comisión Federal de Competencia Económica (Cofece), que atinadamente encabeza Alejandra Palacios, advirtió sobre los aspectos negativos de emitir este acuerdo, que además se procesó al estilo Nahle, por sus pistolas, pasando por alto de manera caprichosa y arbitraria los plazos previstos para el proceso de consulta pública para un acuerdo como este que dispone el marco legal. Así que el cambio legal en sí mismo, y la forma atropellada de hacerlo, serán nueva fuente de incertidumbre para los inversionistas.

El otro evento, es el apagón que, de acuerdo con datos difundidos por la Comisión Federal de Electricidad (CFE) afectó a 10.4 millones de usuarios distribuidos a lo largo de gran parte del territorio nacional. Se trata de un apagón sin precedentes sobre el que al momento de escribir esta colaboración aún había mucha información incompleta o incognitas por resolver. Sin embargo, el tamaño del apagón y su extensión, independientemente de todas las explicaciones que se provean, es un signo de que a los de la 4T que hoy tienen a su cargo la operación del sistema eléctrico nacional les están surgiendo complicaciones técnicas cada vez más frecuentes.

La necedad de querer volver al modelo del estado que controla absolutamente todo el sistema eléctrico, pone de manifiesto algo que ya deberían saber: que al querer concentrar gran parte del control de éste, el Estado está asumiendo prácticamente él solo el riesgo inherente a la operación del sistema, lo que a su vez incrementa el potencial de más eventos de inestabilidad.

En fin, se trata de dos eventos de naturaleza distinta, pero ambos relacionados con el sector energético de nuestro país que dibujan de cuerpo entero, por un lado, las razones por las que ha caído la inversión en nuestro país, y con ello la capacidad para que crezca la economía, y por otro, el desastre (adicional) al que la actual administración están enfilando a nuestro país al obsesionarse por regresar a modelos del pasado y desarticular los avances en materia de políticas públicas que buscaban destrabar el potencial de crecimiento de México, basadas en mejores prácticas internacionales, pero que por meros caprichos idiosincráticos han sido descalificados por el presidente López Obrador, buena parte de su gabinete y sus aliados políticos.

Con estos ejemplos con los que cerramos este 2020, no nos extrañe que en el 2021 solo nos convirtamos en meros testigos de cómo los demás países recuperan la senda del crecimiento y la mejora del bienestar y se alejan aún más de nosotros, que permaneceremos anclados por culpa de una discusión estéril inspirada en ese antagonismo de liberales y conservadores que tanto nos machaca el presidente, propia del siglo XIX.

@GerardoFloresR

Gerardo Flores Ramírez

Experto en telecomunicaciones

Ímpetu Económico

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