Hoy, más que nunca, los mexicanos necesitamos que se tomen decisiones de política pública acertadas, que nos den certidumbre y nos permitan atraer mayores inversiones. Contrariamente, la realidad es que aún prevalece una visión energética regresiva que le apuesta a fuentes de energía obsoletas y contaminantes. Un ejemplo es la construcción de la Refinería de Dos Bocas, obra que se ha caracterizado por su enorme opacidad, falta de información sobre su viabilidad y la poca certeza de que los empleos generados efectivamente son para mis paisanos, los tabasqueños. Pero por si esto fuera poco, además de los enormes pasivos ambientales, urbanos y económicos de este proyecto, ahora Dos Bocas destaca también como un foco de contagios de casos de coronavirus.

Como lo leía la semana pasada en un gran reportaje de mi paisana Ana Itzel de Dios, “en Dos Bocas no hay contingencia”, mientras los trabajos continúan, la incidencia de contagios entre los trabajadores sigue creciendo. Los ciudadanos de Paraíso ven con preocupación la presencia de miles de personas de todos lados del país sin las medidas sanitarias suficientes, y esto es inaceptable, ya que diariamente aumenta el riesgo de salud para cientos de trabajadores que construyen esta obra que seguramente se convertirá en el monumento a la Transparencia Color Chapopote por la que se ha distinguido este Gobierno.

Y es que este proyecto insignia del Gobierno Federal, y el único destinado para reactivar económicamente a Tabasco, sigue careciendo de información precisa sobre sus avances, su tiempo de construcción, incluso su capacidad de refinación. Es más, a la fecha, ni siquiera sabemos con exactitud ¡cuánto nos va a costar!

Les dejo algunos datos que evidencian esto.

El Gobierno Federal anunció esta obra con un presupuesto de 160,000 millones de pesos (mdp), en un plazo de construcción de 3 años y con una capacidad de refinación de 340,000 barriles diarios (bd). Sin embargo, expertos en la materia como Gonzalo Monroy o Erick Salas, han señalado que estas estimaciones son ridículas porque en realidad costará más de 360,000 bd, en un plazo de cinco años y con una capacidad de refinación de no más de 100,000 bd.

A esto hay que sumarle que ahora la Secretaría de Hacienda ni siquiera está obligada a reportar sobre el avance físico y financiero del proyecto, ya que Rocío Nahle decidió eliminar el registro en la cartera de inversión para transferirlo a un programa general de la Secretaría de Energía. Es decir, ahora no sabemos en qué se están usando los más de 100,000 millones de pesos que ya se le asignaron entre el 2019 y el 2020 o bien si se están usando, porque como recordarán, en 2019 el subejercicio de la obra fue casi del 100 por ciento.

Como tabasqueña siempre estaré a favor de todo proyecto que ayude a mis paisanos a vivir mejor. Con eso en mente es que seguiré insistiendo para que las autoridades responsables se presenten a comparecer ante el Congreso de la Unión, a efecto de que demuestren la viabilidad económica, ambiental y legal de esta inversión. También se debe instaurar una mesa de trabajo que nos permita tener información relevante de la obra de manera oportuna, establecer medidas para proteger la salud de los trabajadores, y valorar si ésta debe seguir su marcha.

México y Tabasco merecen prosperidad y la transparencia es la única forma para lograrlo.

Twitter@PerezSoraya

Soraya Pérez

Economista

Entre Números

Expresidenta de la Federación de Colegios de Economistas de la República Mexicana A.C.