Este 15 de octubre se conmemora el Día Mundial de la Alimentación con el tema “Nuestras acciones son nuestro futuro”. Por medio de este tema, la ONU invita a la reflexión sobre las acciones que emprendemos cotidianamente en la elección de los alimentos que consumimos y cómo esto impactará a las generaciones futuras, en términos no sólo del cuidado de nuestro bienestar, sino también en los impactos ecológicos y económicos del consumo de alimentos.

Desde antes de la pandemia , diversos organismos y especialistas venían advirtiendo de la crisis alimentaria no sólo en el tema de la inseguridad alimentaria en el mundo – donde no hemos podido aún erradicar el hambre – sino también en el tema de la crisis del impacto que nuestras maneras de producir, distribuir y consumir alimentos tienen en nuestro planeta, en los recursos naturales y en el cambio climático.

Lo cierto es que la crisis de la pandemia reveló aún más las complejas inequidades no sólo del acceso a los alimentos, sino también la difícil ruta que algunos productores tienen que transitar para poder vender su producción de alimentos frescos. Nuestras maneras de consumir se vieron seriamente modificadas a raíz de la pandemia, y muy probablemente los hábitos que adoptamos alrededor de nuestro consumo no se vean modificados si alguna vez la pandemia llega a su fin.

Pareciera entonces que a la complejidad de las capas de todo este entramado agregamos aún más tareas pendientes. A mitades del siglo XX, nos preocupaban las carencias y deficiencias alimentarias específicas ( ya fuera en cuestión energética o de nutrimentos ). También nos preocupaba erradicar el hambre, y asegurar los alimentos a todos los habitantes del planeta. Ya no se trata solamente de que todos tengamos qué comer, sino que esa alimentación nos provea de bienestar y salud – sobre todo, a la hora de enfrentar crisis sanitarias como la que vivimos-. Y encima de todo este entramado, esta alimentación asegurada, tiene que además ser sustentable no sólo en términos medioambientales, sino también en términos económicos que apoyen a los pequeños productores.

Todas estas capas se congregan en un deber que concierne no sólo a los ciudadanos que en su día a día se enfrentan a una multiplicidad de elecciones que impactan a su alimentación, sino también a instituciones y gobiernos que puedan emprender acciones eficaces que impacten no solamente en la alimentación, sino en reducir las desigualdades sociales de acceso a los derechos básicos: salud, vivienda, una vida y trabajo dignos.

Pensar en el futuro de manera individual, puede ser un generador de ansiedad y en medio de una crisis sanitaria, es una acción que tal vez nos cause poca motivación. Por lo tanto, más que pensar en el futuro, en el día mundial de la alimentación tal vez lo que necesitemos es ver cómo nuestras acciones cotidianas en el día a día podrían estar impactando en reducir los impactos negativos que viviríamos en el futuro. De esta manera, tal vez como ciudadanos de manera individual, no nos sintamos tan impotentes sobre lo que sí podemos hacer hoy para esperar estar bien mañana. Con tantos deberes sobre la alimentación, el futuro resulta abrumador. Pero si entendemos que nuestro bienestar se construye día a día, tal vez nuestras pequeñas acciones cotidianas sí pongan un grano de arena sobre lo que queremos construir, en medio de una crisis sanitaria que muchas personas ha dejado varias lecciones.

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Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.

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