El Día de Muertos es una de las tradiciones mexicanas más conocidas en el mundo. Inevitablemente ligada a la comida y a rituales alimenticios, el Día de Muertos es también el objeto de diferentes interpretaciones contemporáneas.

El eterno debate entre quienes defienden el Día de Muertos como una tradición mexicana y rechazan el Halloween como una tradición extranjera descubre en las manifestaciones de ambos festejos, situaciones en las que ambos se encuentran traslapados. No solamente es por la cercanía de las fechas y los significados alrededor del calendario. Mientras que el Halloween proviene de una tradición celta para marcar el final de la cosecha y del verano, además de implicar que esa noche era la venida de espíritus no deseados, el Día de Todos los Santos y el Día de Muertos (1 y 2 de noviembre respectivamente), en el calendario cristiano, marcan pues una línea de seguimiento al antiguo calendario celta.

Además de las fechas, existen elementos que en el uso de ambos días han estado presentes, por ejemplo, la calabaza. En Halloween, es común encontrar calabazas esculpidas con caras en las que se colocan luces en forma de “linternas”. Tienen el origen en una leyenda de una persona que se quedó vagando sin poder ir ni al cielo ni al infierno. Las linternas de calabaza sirven para ahuyentar a los malos espíritus. En el Día de Muertos, es común encontrar calabazas en los altares como aspectos ornamentales y también preparaciones de calabaza en tacha por estas fechas. Por el contrario, las luces que se incluyen en el altar son para guiar a los difuntos a su regreso a casa. Probablemente, el uso de la calabaza en ambas festividades puede ser por la temporada de cosecha, aunque sus significados difieran.

Hoy, es común encontrar, sobre todo en el mercado estadounidense, productos con sabor a calabaza que solamente se venden en esta época del año. También el uso de la calabaza está presente en el Día de Acción de Gracias, una festividad de esta temporada. El gusto por comer platillos con calabaza, en algunos sectores estadounidenses, es considerado como un marcador social, en el sentido de que está asociado a blancos y protestantes.

Además de la calabaza, los disfraces de Halloween ahora incorporan elementos de la catrina mexicana. La imagen de la calavera colorida se ha vuelto un emblema de exportación que se encuentra en infinidad de mercancías, la cuales resultan altamente rentables, puesto que, a excepción de ser la calavera de Posada, por ninguna otra imagen de calavera de colores se tienen que pagar derechos. Esta imagen se ha vuelto tan icónica en el extranjero, que incluso en Francia, una vez en un concurso de cocina, se instó a los participantes a crear un Pan de Muerto. La sorpresa estaba en lo que los franceses consideraban pan del Día de Muertos, pues era un pastel en forma de calavera decorado con colores. Probablemente, les hubiera dado un choque cultural enterarse que el verdadero pan de muerto reproduce los huesos de los difuntos, o en algunas regiones de México, reproduce hasta al muerto mismo.

Todos estos ejemplos nos muestran cómo las tradiciones toman elementos prestados, algunos los resignifican y algunos otros simplemente son coincidencias por la circulación de personas, de bienes y de usos y costumbres. El Día de Muertos sigue siendo de las tradiciones más fascinantes de analizar año con año.

Twitter: @Lillie_ML

Liliana Martínez Lomelí

Columnista de alimentación y sociedad

PUNTO Y COMO

Columnista de alimentación y sociedad. Gastronauta, observadora y aficionada a la comida. Es investigadora en sociología de la alimentación, nutricionista. Es presidenta y fundadora de Funalid: Fundación para la Alimentación y el Desarrollo.