Hace unos días, Israel prohibió la venta de nuevos vehículos que utilicen combustibles fósiles para el 2030. En nuestro país, esto revivió argumentos que se esgrimieron durante la campaña presidencial del 2018. Los combustibles fósiles van de salida, la campaña de Ricardo Anaya planteaba al ridiculizar la propuesta de la refinería de la campaña de López Obrador: “¿Para qué invertir en refinarlos?”

Mientras nuestro país volteaba a Israel, la industria de la refinación estaba mucho más concentrada en Reino Unido. También hace unos días, la última reunión de la Organización Marítima Internacional (IMO, por su sigla en inglés) en Londres marcó —aun entre los analistas más flexibles en su interpretación— un punto de no retorno para la implementación de una política que realmente tiene impacto global: en todo el mundo, el límite de contenido de azufre para el combustóleo (fueloil) utilizado por la industria de transporte marítimo pasará de un laxo 3.5 por ciento (masa/masa) a 0.5 por ciento. IMO 2020, como se le ha llamado a la política porque arranca en el 2020, va.

Es difícil recordar un hito tan disruptivo en la industria global de la refinación. Por más que la salida del tetraetilo de plomo y las reducciones progresivas en el contenido de azufre en las gasolinas y diesel hayan hecho olas en su momento, ocurrieron de forma escalonada en el mundo. En IMO 2020, las reglas van a cambiar de golpe en todo el mundo. Acá en México, casi no hay declaraciones recientes de alto perfil sobre sus implicaciones. Pero, hoy por hoy, aproximadamente un cuarto de la producción de nuestras refinerías es de combustóleo, y mucho de éste tiene un alto contenido de azufre. Se intuye que son malas noticias para México.

De acuerdo con un diagnóstico de la Secretaría de Energía publicado en noviembre del año pasado, IMO 2020 y la reconversión de centrales de CFE causarían que México reduzca su consumo de combustóleo para el 2031 a menos de la mitad. Aun si la producción permanece en los niveles deprimidos actuales, tendríamos que encontrar mercados para exportar dos terceras partes de la producción de combustóleo. Con IMO 2020, eso no va.

Puede pintar a tragedia para México, pero no todos los refinadores están de luto. Después de algunas resistencias iniciales, muchas refinerías en Estados Unidos se han reacondicionado.

Hoy como reportó Tim Puko del Wall Street Journal, “anticipan una bonanza.” Durante la última década, la industria se ha gastado 100 mil millones de dólares en mejoras para poder producir combustibles más limpios.

Nada de esto, desafortunadamente, justifica directamente la inversión en una nueva refinería. En las consideraciones técnicas planteadas hasta el momento para Dos Bocas, de hecho, IMO 2020 ni siquiera está en el radar público. Desafortunadamente, reconfirma que la conversación pública mexicana, siguiendo un lenguaje político maniqueo, se ha ido desligando de las realidades y competencias globales en refinación. Ni la industria de la refinación está acabada ni construir nuevas refinerías constituye un éxito garantizado.

En la página 24 del diagnóstico de Sener, publicado justo mientras las campañas presidenciales cerraban con toda su estridencia, hay una propuesta técnica, hay que “aumentar la eficiencia y capacidad existente de las plantas de alta conversión del Sistema Nacional de Refinación”.

Traducida a mensaje, quizás esa propuesta no hubiera ganado ni un voto. Pero hubiera estado basado en un análisis más completo que el que los dos punteros ofrecieron: hay muchos retos adelante, como IMO 2020, que representa una gran disrupción para las refinerías en México y el mundo, transformada y refinada, pero la industria global de la refinación va a seguir siendo importante en el 2030 y más allá. Ojalá no nos quedemos atrás.

Ya con las elecciones en el pasado, por cierto, también suena a un punto en común sobre el cual unos y otros podemos construir.

PabloZárate

Consultor

Más allá de Cantarell