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Opinión

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¿De quién es la guachafita’’ de México o Venezuela?

Si Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, dijo que un pajarito’’ le contó que Hugo Chávez, su protector y mentor dictatorial, se presentó como ave, chiflo e instruyó que en marzo del 2013, tenía que armar las mejores elecciones democráticas y ganar.

No ocurrió. Cuestionamientos y denuncias internacionales de fraude, no permitieron. Calló la mano dura. Ahora justifica la destrucción de una aeronave mexicana, que iba full’’ cargado de cocaína. México solicito informes, aún no protesta, pero requerirá un médium.

Sí así fue. Dónde están las evidencias. Se incendió la aeronave Howker’’ matrícula XBMGM, mexicana, que obligaron bajar’’ la semana pasada aviones de la Fuerza Armada con aeronaves Sukhui de fabricación Rusa y F-16 de Estados Unidos, que ojalá México pudiera contar y no recibir basura de los gringos, que costaron la vida a militares nacionales.

¿Qué hay pues?

Venezuela. Su herencia, para no entrar a la historia de Hugo Chávez y el In-Maduro. Han estado ligados a nuestro país, en cuestiones de tráfico de drogas. No sólo produce Colombia, Perú o Ecuador.

La vid’’ como se le llama al bracito’’ de cocaína, es como la uva. Ya conté aquí, que en México se intentó sembrar en la sierra de Guerrero, el alcaloide, pero cárteles Sudamericanos protestaron.

Ahí quedó todo. México envía a Estados Unidos marihuana, drogas sintéticas y es corredor de cocaína al vecino. Vean Michoacán y Guerrero, con laboratorios y demás, son hechos registrados por el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad y el renovado Centro Nacional de Seguridad Nacional (CISEN).

El antes y ahora. En tiempos, ocurre que los capos sudamericanos y mexicanos eran vivos. Fue la debacle para su industria. Los sudamericanos sufrieron extradiciones, otros usaron el terrorismo. De los narcotraficantes mexicanos, terminaron presos o extraditados, por intervención de Estados Unidos. Están enojados por Rafael Caro Quintero. Esa es otra historia

Hay una versión, contada, escrita y publicada en otros diarios, donde con orgullo serví y no olvido, y ordenaron que publicara en El Economista, con motivo, sustento y argumento.

Hoy es diferente. Ojalá cuenten cuándo Venezuela pidió apoyo, para cotejar, cómo dos hijos y una mujer de la familia de un gran capo del cártel de Sinaloa, fueron asesinados y ella, ejecutada.

La tesis, fue probar lo que generó a principios de los 90’s, una inusitada violencia entre cárteles de Sinaloa y Tijuana, Baja California. La guerra, casi como las mafias italianas, que usaron el método para limpiar’’ y regenerar soldados, capitanes y capos. Así fue.

Los libreros’’ que venden eso, sólo especulación, sin probar fuentes, porque se esconden al mencionar, las clásicas del periodismo: guardaron su identidad ante el temor ’’. ¡¡¡Va!!!

COMMODATO

¿Qué es guachafila?

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