En el verano del 2017, altos funcionarios de la Oficina de la Presidencia de la República comenzaron a recoger opiniones entre publicistas, estrategas y encuestadores ajenos a la esfera gubernamental que sostenían que el triunfo de Andrés Manuel López Obrador era ineluctable.

Los efectos del gasolinazo y de la visita de Donald Trump a Los Pinos habían ahondado el desgaste del gobierno peñista, iniciado en el 2014. Los hechos funestos de Tlatlaya y Ayotzinapa, pero sobre todo la cancelación del tren México-Querétaro y el escándalo de la Casa Blanca de Las Lomas habían acabado con el Mexican Moment.

El resultado electoral del 2016 llevó a la renuncia de Manlio Fabio Beltrones a la dirigencia nacional del PRI y al descarte de un modelo de promoción electoral –conocido como Proyecto Ágora–, pero en la cúpula del gobierno peñista incluso antes había comenzado una lucha pertinaz por la candidatura presidencial. Con el político sonorense fuera de la competencia, sólo quedaba Miguel Ángel Osorio Chong como representante de la nomenklatura tricolor... y sobre él irían los tecnócratas itamitas prohijados por el Ejecutivo federal.

Para entonces ya estaban perfilados los rivales del candidato peñista: Morena sumaría aliados, pero tenía asegurada la nominación para AMLO, mientras que el PAN –previa la ruptura con los calderonistas– apostaría por la lozanía de Ricardo Anaya, quien concitaba el respaldo de un sector del empresariado.

Los políticos tradicionales no entusiasmaban a los jóvenes. Y el desgaste de los cuatro años de gobierno había debilitado la imagen presidencial. Pero sobre todo –dijeron los estrategas consultados por los asesores de Los Pinos– el hartazgo ciudadano con el ancient regime pusieron al PRI en tercer plano.

El 1 de julio del 2021, ¿AMLO y Morena podrán repetir la hazaña del 2018? Ahora mismo, en Palacio Nacional prevalece el desconcierto que dominó a los peñistas, en los meses previos a la elección presidencial. La consolidación de la Cuarta Transformación requiere de mantener el control de los aparatos legislativos, pero en vísperas de la renovación de la Cámara de Diputados actualmente no hay espacio para el optimismo.

Hace dos años, AMLO, Meade, Anaya y el Bronco disputaron la Presidencia de la República. Los tres primeros, acuerpados por sendas coaliciones electorales. La contienda por los 300 distritos federales siguió ese mismo patrón. Las fuerzas partidistas, por sí mismas, quedaron con victorias aisladas: el PAN ganó cinco distritos de Nuevo León con candidatos propios y el PRI, uno, también en esa misma entidad; mientras que Morena –sin aliados– se impuso en ocho distritos: el de Acaponeta, Nayarit, y el resto en Hidalgo.

La alianza por México al Frente (PAN-PRD-MC) ganó en 63 distritos, mientras que Todos por México (PRI-PVEM-NA) sólo ganó en trece. El resto de los territorios en disputa –210– fue para la coalición Juntos Haremos Historia, que involucró a Morena, al PT y al PES.

En el 2021, además, habrá comicios locales en 30 entidades federativas; en 15 de las cuales habrá relevo en los poderes ejecutivos. Morena podría arrebatar al PRI media docena de gubernaturas, pero perder el control de San Lázaro. La concurrencia de las elecciones –está demostrado– no impone las lógicas locales a la federal o viceversa.

Un sector ultra promoverá el voto anti AMLO, pero eso sería insuficiente para castigar a la 4T en las urnas. ¿Una mega alianza opositora? Todo dependería del PRI... y del formato de las campañas, donde las benditas redes sociales tendrán un papel determinante.

Para Morena y el Ejecutivo federal, el futuro pasará irremediablemente por la rendición de cuentas, tras de su desempeño en la contingencia sanitaria y –sobre todo– la respuesta a la crisis económica.

Efectos secundarios

MEJORÍAS. Paulatinamente el AICM de Jesús Rosano va tomando aire en sus precarias operaciones y vaya que le hace falta, a principios del mes pasado le platiqué de los bloqueos que los empleados sindicalizados realizaron reclamando el pago de utilidades que finalmente recibieron, sin embargo el problema y la molestia de sus más de 900 locatarios comerciales persiste por el nulo apoyo de parte de la administración y el tema continuará porque después del comunicado emitido por Interjet el domingo pasado, en el que afirman haber recibido una nueva capitalización que le dará viabilidad a la empresa, de la cual no dan ni montos ni nombre de la entidad emisora de dicha capitalización –aunque extraoficialmente se alude a Alejandro del Valle, Amado Yáñez y Carlos Cabal Peniche como los presuntos salvadores de la aerolínea– que ostenta pasivos por cerca de 500 millones de dólares. Los locatarios afirman que al haber sido capitalizada, Interjet debe saldar al AICM más de 43 millones de dólares y que la administración de Rosano no ha obligado a pagar a la aerolínea. Y los problemas no amainan, pues ahora proveedores participantes en la licitación para mantenimiento de los equipos de seguridad, contrato valuado en 40 millones de pesos, señalan que dicho proceso estaría cargado para favorecer a la empresa Segtec México.

Alberto Aguirre

Periodista

Signos vitales

Periodista y columnista de El Economista, autor de Doña Perpetua: el poder y la opulencia de Elba Esther Gordillo. Elba Esther Gordillo contra la SEP.