El presidente propuso que los aproximadamente 12,000 millones de dólares que el Banco de México recibirá en la forma de Derechos Especiales de Giro (DEG) que le serán asignados por el Fondo Monetario Internacional sean utilizados pagar deuda externa. Veamos por qué lo que quiere no es posible.

Empecemos con algo de contabilidad. Como sucede con cualquier empresa, e igual aplica para el Banco de México, el balance general “tiene que cuadrar” es decir, el total de activos tiene que ser igual a la suma del total de pasivos más el capital. Además, en el caso particular de un banco central, la parte monetaria del balance, denominada “base monetaria” también “tiene que cuadrar”: los activos monetarios de la base denominadas “fuentes de la base” tienen que ser iguales a los pasivos monetarios, a las cuales se les denomina “usos de la base”.

Las fuentes de la base monetaria son dos: reservas internacionales netas (oro, divisas y DEG) y financiamiento interno neto (al gobierno y a instituciones de crédito) mientras que los usos de la base se componen de billetes y monedas en circulación más el saldo neto total de las cuentas corrientes que las instituciones de crédito mantengan en el banco central (este saldo generalmente es nulo por lo que los usos de la base son los billetes y monedas en circulación). Un cambio en alguna de las dos fuentes se traduce en un cambio igual en los usos; el saldo de la base solo puede variar si primero cambia alguna de sus fuentes.

Vayamos ahora a los DEG. Estos no son una moneda como lo son el peso, el dólar o el euro; son una unidad de cuenta cuyo valor se determina diariamente en función de las cotizaciones en el mercado cambiario de una canasta de monedas (dólar estadounidense, euro, rembibi chino, libra esterlina y yen japonés) y se le asignan a cada país miembro del FMI en función de la cuota aportada al capital del Fondo. Al ser únicamente una unidad de cuenta, no se pueden realizar operaciones con DEG. Si un banco central tiene DEG como parte de sus reservas internacionales, para poder realizar alguna operación con ellos, primero tiene que vendérselos a otro banco central que esté dispuesto a cómpralos obteniendo a cambio divisas. Solo por esto, los DEG no pueden ser utilizados directamente para liquidar deuda externa.

Pero todavía hay más. Las reservas internacionales son un activo del banco central, son de su propiedad; ya pagó por ellas. Si el gobierno quiere utilizarlas para liquidar deuda externa, primero se las tiene que comprar pagando el monto equivalente en pesos. ¿De dónde sacaría el gobierno los recursos para comprarle reservas al banco? Solo hay de dos sopas: o genera un superávit financiero o emite deuda interna (la tercera opción, crédito directo del banco central está prohibida por ley).

Generar un superávit financiero sólo se puede lograr de dos formas: incrementando los ingresos del sector público y/o reduciendo el gasto. Dado que los ingresos del sector público están prácticamente dados, solo quedaría reducir el gasto en aproximadamente 240,000 millones de pesos; imposible. Más “austeridad republicana”, para efectos prácticos, mataría a la economía mexicana.

La segunda sería emitir deuda interna por un monto equivalente lo que implicaría que el saldo total de la deuda pública no cambiaría; sólo se modificaría su composición: menos externa pero más interna. Además, al emitir tal cantidad de deuda en el mercado financiero interno presionaría al alza a la tasa de interés y desplazaría al sector privado del mercado, lo que impactaría negativamente sobre la inversión, la cual de por sí ya está en niveles muy bajos por la incertidumbre jurídica que el gobierno ha provocado.

Lo que propuso el presidente, según él a sugerencia de su Secretario de Hacienda, no solo es imposible; además no tiene sentido.

Twitter: @econoclasta

Isaac Katz

Economista y profesor

Punto de vista

Caballero de la Orden Nacional del Mérito de la República Francesa. Medalla al Mérito Profesional, Ex-ITAM.

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