Lectura 3:00 min
Cuba, la utopía desvencijada
La seguridad está asegurada, la salud y la educación son conquistas sagradas, pero la salud está enferma, faltan medicinas, a los trabajadores les duele el ánimo.
Dimitri, un joven cubano de apenas 20 años, despotrica contra el sistema. ¿Se sienten traicionados por Fidel? No, contesta, engañó a mis padres y a mis abuelos, pero a mí no, yo voy a hacer dinero. La carretera de La Habana a Santa Clara es de concreto y tiene cuatro carriles por lado.
Es, al menos los primeros kilómetros, una carretera de primer mundo, excepto porque son muy pocos los que la circulan: modernos camiones llenos de turistas, autos nuevos, rentados por turistas, carros reconstruidos, viejos camiones militares convertidos en autobuses de pasajeros y poco más. No hay trailers ni camiones de carga de productos agrícolas entrando a La Habana. ¿Quién abastece esa gran ciudad de casi 3 millones de habitantes? No es la agricultura cubana, eso es claro.
Entre Santa Clara y Caibarén el paisaje rural es un túnel del tiempo; los grandes ómnibus de turistas compiten en la angosta carretera con carros tirados por caballos. Un enorme espectacular, ya desvencijado, anuncia, promete: El futuro es nuestro: Fidel , pero las palabras futuro y Fidel parece haberlas borrado el tiempo.
El periodo especial iniciado en los 90, tras el derrumbe de la Unión Soviética y un absurdo e inhumano bloqueo comercial, ya no existe más: el periodo se volvió permanencia y lo especial, cotidiano. Tras años de escasez, la versión más cruel y despedida del capitalismo, el mercado negro, se apoderó de la isla. Hoy, en Cuba, se puede conseguir de todo, si se tienen pesos convertibles, los famosos CUC.
De la utopía socialista dicen los mayores hay mucho de rescatable. La seguridad está asegurada y la salud y la educación son conquistas sagradas. Pero la salud está enferma, faltan medicinas y a los trabajadores les duele el ánimo.
La educación sigue en pie, pero hoy día en Cuba estudiar no sólo no asegura el futuro, al contrario, lo pauperiza: gana más una persona que pide propina en el baño de un hotel que un médico o un ingeniero. Para un joven es mejor negocio esperar todo el día en la calle a la caza de un turista al cual estafar o servir, que buscar un trabajo asalariado.
La nueva economía regida por el CUC, vinculada al turismo y al mercado negro, va poco a poco apoderándose de La Habana. En los aparadores, de un minimalismo involuntario, comienzan a aparecer las marcas inglesas y alemanas y en los refrigeradores, desvencijados, como la utopía, detrás de los refrescos y cervezas cubanas, hay ya una Coca-Cola que acecha.
petersen.diego@gmail.com