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Credencial para votar en el extranjero
La posibilidad para que las y los mexicanos que viven fuera del país tengan instrumentos efectivos para ejercer su derecho a elegir gobernantes dio un primer paso en el 2005, con una reforma que les permitió a partir del 2006 emitir su voto desde otro país vía postal, pero únicamente en contiendas presidenciales y siempre y cuando contaran con una credencial para votar tramitada en México.
Con ello fue posible recabar 32,632 sufragios provenientes de mexicanas y mexicanos residentes en el extranjero durante los comicios presidenciales del 2006, y pese al incremento que se alcanzó con las medidas adoptadas para facilitar una mayor participación en el 2012 por ejemplo, permitir que las credenciales que terminaban su vigencia en el 2003 pudieran utilizarse como válidas en el extranjero sólo se registraron 40,961 sufragios (24.8 % más), que siguen siendo muy pocos frente al número de connacionales que radican principalmente en los Estados Unidos, quienes en muchos casos han migrado en busca de oportunidades de empleo mejor remunerado desde hace años, y ahora no pueden cruzar la frontera para tramitar una credencial porque eso implicaría un riesgo para su estancia en territorio estadounidense, donde están sus familias.
Durante la promoción del voto que hicimos en el entonces IFE consejeras y consejeros, organizaciones de migrantes tenían una demanda que ilustraban pancartas y consignas: No foto, no voto , aludiendo a su exigencia de una credencial con fotografía vigente para poder votar.
La problemática había sido debatida en distintos momentos en el ámbito legislativo y el otrora IFE incluyó un diagnóstico al respecto en su libro blanco de la elección 2012, pero no habían existido condiciones políticas para traducir lo que era un reclamo justo en un ajuste legal, hasta la reforma electoral de 2013-2014, en donde finalmente se abrió la puerta para credencializar en el extranjero.
Acorde con el Instituto Mexicano de los Mexicanos en el Exterior (IME), al día de hoy se tiene registro de al menos 12 millones de mexicanas y mexicanos que viven en otro país, la mayoría migrantes concentrados en Estados Unidos.
A diferencia de quienes acuden a otros países para estudiar un posgrado o como parte de sus actividades empresariales, los migrantes que se han marchado buscado oportunidades para generar condiciones que les permitan mantener a sus familias no se fueron necesariamente por gusto y tampoco han renunciado a ejercer sus derechos políticos para incidir en las decisiones que conciernen a México, en donde diversas administraciones de todos los signos políticos no han generado un contexto propicio para que no tengan que salir del país. Ese simple hecho le da importancia fundamental a su derecho a ser tomados en cuenta en las urnas, a ser parte de la decisión con respecto a qué opción política les parece que debe gobernar o representarlos.
La semana pasada aprobamos en el INE, acorde al marco legal que trajo consigo la reforma electoral de 2013-2014, un acuerdo que formaliza el diseño de la credencial para votar que se tramitará y entregará en el extranjero. Faltan convenios y medidas adicionales para concretar el nuevo esquema, pero en la parte sustantiva, la ruta parece no tener vuelta atrás, y en tiempos de intolerancia y estigmatización que algunos políticos norteamericanos han emprendido hacia las y los migrantes en el contexto de su propia contienda presidencial, emitir una credencial para el voto en el extranjero es también una reivindicación a la exigencia legítima que muchos connacionales migrantes han hecho desde hace tiempo. Ser consecuentes con el reconocimiento de sus derechos políticos es también un reconocimiento a su condición adversa de la que somos corresponsables como país.
*Consejero electoral del Instituto Nacional Electoral.