Para transformar nuestra situación financiera, tenemos que aprender, primero, a tomar control de nuestro dinero. Asignarle a cada peso que ganamos, un trabajo. Esto significa que cada vez que nos pagan o que recibimos dinero, necesitamos sentarnos y hacernos una sencilla pregunta: ¿Qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar?

Enfatizo: esto se hace con el dinero que ya tenemos en mano, que acabamos de recibir. No tomamos en cuenta lo que nos van a pagar la siguiente quincena o el bono que recibiremos en marzo. Esto es sumamente importante. Las decisiones de gasto se toman únicamente con el dinero que ya tenemos y que podemos, hoy, en este momento, gastar. Pensemos por un momento: no tiene ningún sentido asignarle un trabajo a un empleado que no hemos contratado. Tampoco tiene sentido asignarle un trabajo a dinero que aún no tenemos en mano.

Esto, desde luego, no excluye la posibilidad de hacer planes o estrategias a mayor plazo, que también son importantes. Cualquier persona necesita saber cuánto debería ahorrar, adicional a las contribuciones obligatorias a su Afore, para tener un retiro cómodo. Aquí nos estamos enfocando en ejecutar: en asegurarnos de asignar parte del dinero que ganamos, a ese trabajo que es nuestro retiro.

Ahora bien, cuando tenemos deudas, parte del dinero que ganamos hoy no es para nosotros, sino para pagarle a nuestros acreedores. Tenemos menos para nosotros y eso nos quita libertad y capacidad de destinar dinero a esas metas que realmente son importantes.

Por eso, para romper el círculo vicioso de nuestras finanzas personales, es fundamental salir de deudas, particularmente las de corto plazo: tarjetas de crédito (incluidos meses sin intereses), préstamos personales o de nómina, créditos prendarios e incluso el préstamo del auto.

Si no tuviéramos todas estas obligaciones que pagar, tendríamos mucho más dinero para nosotros, para asignarlo a otros trabajos importantes: nuestras metas, lo que realmente queremos lograr.

¿Cómo se hace un plan para salir de deudas?

Lo primero, desde luego, es dejar de usar el crédito. Eso empieza por no llevar encima nuestras tarjetas de crédito. Mientras tengamos deuda no podemos cancelarlas. Hay gente que recomienda cortarlas (pero no pedir su reemplazo al banco). Esto ayuda porque físicamente las estamos destruyendo y eso tiene un impacto en nuestra mente. Es psicología: estamos “rompiendo” con ellas. Una solución similar, menos drástica pero igualmente efectiva, es meterlas en una bolsa de plástico bien sellada y luego ponerla en un contenedor pequeño, lleno de agua, en el congelador. De esta forma quedarán, literalmente, congeladas dentro de un bloque de hielo.

Como mencionamos, las deudas representan un compromiso que hemos adquirido con nuestros acreedores. La manera de salir de ellas es pagándolas, pero como en todo, hay que hacerlo con sentido y estrategia.

Nos tenemos que enfocar en una primero (manteniendo todas las demás al corriente). Cuando hemos terminado, nos enfocamos en la segunda y así sucesivamente.

Obviamente, tenemos que armar esta estrategia e incorporarla en nuestro plan de gastos. Es uno de los trabajos que tenemos que asignarle al dinero que ganamos. De esto hablaremos el jueves.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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