En mi columna del martes hablé sobre cómo manejar nuestros gastos irregulares, para que no nos sorprendan. Todo está en la planeación. Sabemos que vendrán y también tenemos una buena idea de cuánto nos costarán. La idea entonces es irlos pagando de “poquito en poquito”: considerarlos en nuestro plan de gastos de manera tal que, cuando se presenten, tengamos el dinero disponible.

El problema es que mucha gente no hace eso y, por lo tanto, cuando esos gastos llegan, tienen que adquirir una deuda (empeñar algo, usar su tarjeta de crédito, sacar un préstamo de nómina, entre otros). Hoy están todavía pagando los del año pasado y por lo mismo, no tienen posibilidad de ahorrar para los que vendrán. Entonces pedirán prestado nuevamente. Es un círculo vicioso que se repite todos los años. Ya nos hemos acostumbrado a que así es la vida.

Pero no tiene que serlo. Por el contrario, podemos salir de ese círculo vicioso y comenzar uno virtuoso, en donde el estrés financiero desaparezca. En el cual en lugar de que una buena parte de lo que ganamos sirva para pagar nuestras deudas, ahora lo usemos para construir y prepararnos para lo que vendrá. 

Esto, desde luego, no se logra de un día para otro. Es un proceso, se hace poco a poco, dando pequeños pasos en la dirección correcta. Pero vale muchísimo la pena.

¿Qué debemos hacer?

El primer paso, sin duda alguna, es aprender a tomar el control de nuestro dinero. Esto significa hacer un plan de gastos y asignarle a cada peso que ganamos un trabajo. Si no lo hacemos, nuestro dinero hará lo que le venga en gana y nos terminará controlando a nosotros.

Esto se hace con el dinero que tenemos en mano. No con el que vamos a recibir durante el mes. Si nos pagan por quincena, cada quincena, una vez que tengamos nuestro pago, nos tenemos que sentar y hacernos una sencilla pregunta: ¿Qué es lo que necesito que este dinero haga por mí, antes de que me vuelvan a pagar?

Antes de hacer un plan de gastos, sin embargo, tenemos que tener claras nuestras categorías de gasto y ordenarlas en orden de importancia. Primero los gastos fijos e indispensables, como: renta o hipoteca, luz, agua, gas y lo que necesitamos para comer. Luego la mensualidad o pago mínimo de todas nuestras deudas. En tercer lugar, gastos discrecionales como diversiones o restaurantes —esos son los que podemos reducir. Finalmente, nuestros gastos irregulares: no hay que olvidarlos.

Ahora, cuando nos pagan, nos sentamos y asignamos el dinero que tenemos a los pagos que son más próximos. Por ejemplo: si tenemos que pagar la luz dentro de tres días, obviamente debemos usar parte del dinero que nos acaban de pagar para ello. Así con todos los gastos y mensualidades de créditos cuya fecha límite ocurren durante esta quincena. Una vez que terminamos, el sobrante lo podemos asignar a otras cosas, empezando por obligaciones que tenemos que enfrentar la próxima quincena.

Obviamente, dado que la prioridad es convertir el círculo vicioso de nuestras finanzas personales en virtuoso, tenemos que buscar dedicar lo más que podamos a salir de deudas. Eso significa apretarnos el cinturón en todo lo demás. Si estamos acostumbrados a pedir pizza una vez por semana, dejar de hacerlo y convertirlo en “noche de quesadillas” que podemos elaborar en casa.

¿Cómo hacer un plan para salir de deudas? De esto empezaremos a hablar la próxima semana.

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Joan Lanzagorta

Coach en Finanzas Personales

Patrimonio

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia.

Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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