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Opinión

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¿Cómo evitar caer en la trampa de las tarjetas de crédito?

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Joan Lanzagorta

Hace tiempo un amigo me llamó para pedir mi consejo. Ya no podía pagar sus tarjetas de crédito y estaba analizando utilizar a una “reparadora de crédito” porque pensaba que era la mejor manera de salir de ese grave problema. Afortunadamente me escuchó y decidió no hacerlo.

Él es una de las muchas personas que empezaron a utilizar sus tarjetas para financiar compras a meses sin intereses. No tomó en cuenta, sin embargo, que las mensualidades las tendría que pagar con su ingreso futuro y eso hizo que tuviera menos dinero disponible para otras cosas. A pesar de que tiene un buen ingreso, ese compromiso adquirido hizo que ya no le alcanzara  para todo. Así, empezó a financiarse otro tipo de compras cotidianas con sus tarjetas, pagando  lo que podía.

¿Es malo tener tarjetas de crédito?

Siempre digo que el crédito es una herramienta, igual que una sierra eléctrica. Si la usamos correctamente nos puede ayudar, pero si no la sabemos utilizar y no tenemos el cuidado adecuado, puede ser muy peligrosa.

Desde mi punto de vista, las tarjetas de crédito son necesarias. Sin ellas, en muchos lugares no es posible rentar un auto o reservar una noche en un hotel. Incluso para ingresar de emergencia a un hospital privado, aunque tengamos seguro de gastos médicos, ya que sirven como garantía.

Pero además nos pueden ofrecer algunos beneficios: desde un financiamiento gratuito (siempre y cuando paguemos cada mes el saldo total o al menos el “pago para no generar intereses”) hasta seguros gratuitos de garantía extendida, compra protegida o emergencias en viajes, entre otros. Algunas tienen además programas de recompensas que pueden agregar mucho valor, si sabemos sacar ventaja de ellos.

Particularmente yo uso mi tarjeta de crédito como medio de pago. Nunca la de débito (las de crédito son más seguras). Pero lo hago porque desde hace años sigo un plan de gastos y porque no me endeudo con ellas: siempre pago el total cada mes. No me gusta tampoco financiar nada a meses sin intereses, cuando no es necesario. Prefiero planear bien mis compras mayores.

¿Por qué pueden ser una trampa?

Cuando uno utiliza tus tarjetas de crédito para realizar sus compras cotidianas, pero no paga el saldo total cada mes, eso significa que uno está gastando más de lo que gana.

Por ejemplo: uno ve unos zapatos que le encantan y decide usar la tarjeta, a 12 meses sin intereses. Valen 2,400 pesos, hay que pagar sólo 200 pesos al mes. No hay problema.

Pero mañana uno tiene un problema en el trabajo, se siente deprimido, va de compras y adquiere un suéter de 1,200 pesos. Al mes siguiente los niños necesitan material para la escuela y uno lo compra con la tarjeta, porque no estaba presupuestado. Se anuncia el concierto de nuestro artista favorito y lo mismo.

Es fácil, muy fácil empezar a caer en un tren de vida que simplemente no podemos pagar. El pago mínimo que tenemos que cubrir cada mes poco a poco se va haciendo más grande y nos queda menos dinero para nosotros. Entonces seguimos usando la tarjeta hasta que un buen día simplemente ya no podemos pagar.

Hay gente que aún así se sigue endeudando. Pasa la deuda de una tarjeta a otra para “reducir” la tasa de interés. Otros piden un préstamo de nómina para pagarlas y quedarse sólo con ese préstamo El problema es que siguen usando las tarjetas y la deuda vuelve a crecer.

Para muchas personas, el uso de la tarjeta de crédito crea un espejismo –una ilusión– de que nuestra situación –nuestro poder de gasto–, es mucho mayor de lo que en verdad es.

Por eso, es muy importante entender que el uso correcto de la tarjeta de crédito consiste básicamente, en aprovechar sus beneficios, sin caer en la trampa. Sin gastar más de lo que uno gana: lo cual implica necesariamente tener la capacidad de pagar el saldo completo (o al menos el pago para no generar intereses) cada mes.

contacto@planeatusfinanzas.com

Joan Lanzagorta

Ejecutivo de alto nivel en seguros y reaseguro con visión estratégica de negocio, alta capacidad de liderazgo, negociación y gerencia. Además es columnista de Finanzas Personales en El Economista, Coach en Finanzas Personales y creador de la página planeatusfinanzas.com

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