Las compras impulsivas son aquellas que realizamos cuando adquirimos algo que no necesitamos y que en ocasiones ni queremos, pero son resultado de encontrarnos aburridos, estresados, tristes o un sinnúmero de emociones que llegamos a sentir. Con anuncios por doquier que nos persuaden prácticamente todo el día y diseñados para influir en nuestros hábitos de consumo, no es ninguna sorpresa que muchas personas que conozcamos se hayan convertido en compradores impulsivos. Es decir, teniendo un comportamiento impulsivo, aquel que muestra que carece de templanza y trabaja sin que el pensamiento racional entre en juego, sólo el emocional: “lo vi, me gustó y lo compré”.

Uno de los problemas que llegan a presentarse es cuando las personas adquieren este estilo de consumo que no corresponde a su realidad financiera y empiezan a tener todo tipo de justificaciones por haber realizado dichas compras. Por eso es importante identificar, reconocer y limitar los gastos impulsivos para que no se conviertan en un problema financiero que no se pueda controlar y permitir desarrollar unas finanzas personales sanas.

Evitar las compras impulsivas no es una meta real para muchas personas, pero existen algunas soluciones que permiten disminuir el daño que provocan a sus finanzas:

Evitar compras impulsivas. Una manera de disminuirlas es controlar este tipo de compras cuando se adquieren artículos que no son necesarios. Hacer conciencia de si el artículo que está tratando comprar es necesario o no y, si no lo es, desistirse de realizar la compra, esto permitirá disminuir de manera considerable las compras impulsivas.

Hacerse responsables. Una estrategia útil que permite disminuir las compras impulsivas es establecer las responsabilidades sobre las necesidades financieras de las personas. Es importante elaborar una lista de prioridades financieras, que permita recordar de manera recurrente cuál es el objetivo a alcanzar en un periodo y por el cual las compras emocionales no pueden ser realizadas.

Encontrar actividades alternativas. En muchas ocasiones, las personas utilizan las compras como una forma de entretenimiento o distracción, lo que permite justificar por qué se está realizando la compra. Si se identifica cuál es el sentimiento que está llevando a realizar la compra y es recurrente, lo mejor es cubrirlo con una actividad que traiga un mayor beneficio para la persona. Por ejemplo, cuando la compra es realizada debido a que la persona se encuentra bajo estrés, una solución alternativa para permitir liberarlo es practicar algún deporte que trae como mejor consecuencia beneficios para la salud.

Limitar las tentaciones. El siguiente método para evitar las compras emocionales es limitar las situaciones en las que la persona se sienta expuesta o con la necesidad de realizar una compra. Una alternativa para este método es limitar las visitas a los centros comerciales, permitiendo que sean únicamente con el fin de cumplir las prioridades financieras que no afecten las finanzas personales. Una solución alternativa es llevar el efectivo necesario y no cargar con tarjetas de crédito.

En resumen, cuando las personas logran hacer conciencia sobre sus hábitos de consumo, esto les posibilita desarrollar mejores hábitos de control hacia las compras impulsivas, permitiendo encontrar alternativas para construir unas finanzas personales sanas que contribuyan a tener una vida equilibrada y próspera. ¿No suena creíble? ¿Si en vez de comprar algo que no es indispensable ni necesario, lo ahorra? Ya verá el lector que en un corto tiempo tendrá el suficiente dinero para pensar en invertirlo en un fondo de inversión que seguramente le generará mayores satisfacciones.

*El autor es associate product & market intelligence BBVA Bancomer.