Todo juicio de conciencia, sea correcto o incorrecto, sea sobre cosas malas en sí mismas o moralmente indiferentes, es obligatorio.

Tomás de Aquino

Casi en cualquier decisión que tomamos de manera cotidiana, incluyendo por supuesto las decisiones relacionadas con la administración financiera y aquellas que afectan nuestro futuro económico, nuestra decisión es afectada por múltiples factores relacionados con el contexto, siendo uno de estos elementos el hecho de que percibamos que nuestra decisión está siendo observada o juzgada por otros.

Y también en todas las decisiones está presente una consideración de riesgo. Cada decisión pretende generar (por lo menos en percepción) un beneficio y que se minimice en todo caso cualquier riesgo asociado. Ello no implica por supuesto necesariamente una racionalidad de las decisiones. Nuestras decisiones invariablemente son afectadas por factores de percepción, sesgos cognitivos y conductuales que hacen que nuestras decisiones sean imperfectas y en muchos casos contrarias a nuestro mejor interés.

En el estudio “Effects of Choice Observability on Risk Taking: The Role of Norms”, de Stefan Grimm, se analizó cuál es el efecto que tienen las decisiones, en términos del riesgo asumido, cuando aquel que decide percibe que está siendo observado por su entorno, lo cual implica de cierta manera que entiende que serán juzgadas la naturaleza y calidad de su decisión.

En muchos casos, las decisiones que tomamos al sentirnos observados cambian, en virtud de que tratamos de que éstas se ajusten, en mayor o menor medida, a lo que se consideran normas socialmente aceptadas en nuestro entorno.

De esta manera, por ejemplo, una persona toma decisiones de inversión más o menos arriesgadas en función de si percibe que su entorno tendrá conocimiento de la naturaleza de su decisión y por lo tanto, si considera que podrá ser juzgado respecto de si está tomando un riesgo excesivo o mayor de lo que es normalmente aceptable.

En el estudio, se encontraron evidencias a través de distintos experimentos, que muestran que los hombres tienden a tener un menor efecto de disminución del riesgo asumido en sus decisiones  cuando se sienten observados, particularmente cuando quien decide tiene previamente una visión de que ese riesgo puede reportar una ganancia adicional, aun cuando no necesariamente se cuente con evidencia que soporte la conveniencia de dicha decisión.

Los resultados de este estudio están en línea con otras investigaciones que apuntan también a que, en general, las mujeres tienden a ser mucho más conscientes de los riesgos que involucran sus decisiones y por ello tienden a evitarlos, aunque ello implique en ocasiones una administración tan limitada del riesgo que les impida alcanzar mayores retornos, por ejemplo, tratándose de decidir sobre inversiones financieras.

En el caso de los hombres, por el contrario, parecería que en ocasiones incluso tomar decisiones que impliquen mayor riesgo de lo que es normalmente aceptado involucraría una condición no sólo aceptable, sino deseable, en términos de que reflejaría una capacidad de búsqueda de mejores oportunidades, aunque en la mayoría de los casos se carezca de información que dé sustento a esa toma adicional de riesgo.

Las decisiones de riesgos se modelan no sólo en función de cómo decidimos cuando nos sentimos observados, sino además de la cercanía o juicio que tenemos respecto de la persona o grupo que nos observa y de la capacidad de juzgarnos y criticarnos que les conferimos.

Los seres humanos, prácticamente desde nuestro origen, aprendimos a modelar nuestra conducta en función de normas del grupo social al que pertenecemos. De ahí que la conducta general busca apegarse a normas de lo socialmente aceptado en nuestros círculos de pertenencia.

Comprender cómo estos fenómenos afectan la calidad de nuestras decisiones puede ayudarnos a entender cuándo conviene socializar en nuestro entorno las decisiones financieras relevantes, para asegurar que ciertos mecanismos nos prevengan de tomar riesgos innecesarios, que comprometan en el futuro, no sólo nuestra estabilidad financiera, sino los recursos que con sacrificio hemos construido a lo largo de nuestra vida.

El autor es politólogo, mercadólogo, especialista en economía conductual y profesor en la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y presidente del Consejo para el Fomento de Fondo de Ahorro Educativo de Mexicana de Becas.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares

RaúlMartínez Solares

CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo

Economía Conductual

El autor es politólogo, mercadólogo, financiero, especialista en economía conductual y profesor de la Facultad de Economía de la UNAM. CEO de Fibra Educa y Presidente del Consejo para el Fomento del Ahorro Educativo.

Síguelo en Twitter: @martinezsolares