Ricardo Monreal no consultó a Carlos Urzúa sobre la iniciativa para eliminar comisiones bancarias. El presidente del Senado se dio el gusto de ningunear al próximo secretario de Hacienda. Podrán ustedes pensar que es sólo un problema de formas. Todo lo contrario: lo ocurrido merma la autoridad del que será máximo responsable de las finanzas públicas. Lo debilita como interlocutor del sector privado, que cada vez está mas desconcertado respecto a los planes del próximo gobierno.

El problema no es el intento de regular las comisiones bancarias. Es claro que en México son muy altas y que pueden bajar, en beneficio de los consumidores mexicanos. Las dudas están en otro lado: Si se va a impulsar un cambio radical, ¿por qué no hacerlo bien?

La senadora Bertha Alicia Caraveo y el senador Ricardo Monreal no pidieron apoyo del Centro de Estudios de las Finanzas Públicas, de la Cámara de Diputados, para tener información sobre la viabilidad operativa y técnica de su propuesta y conocer del impacto de su iniciativa en las finanzas públicas o en la estabilidad del sistema financiero. Estos legisladores tampoco se coordinaron con el equipo técnico de la próxima Secretaría de Hacienda, para que éste pudiera “procesar sus inquietudes”, lo dice el comunicado del equipo de transición de la SHCP.

¿A quien se le ocurre abrir otro frente con el sector privado, en un momento en el que la “herida” del aeropuerto de Texcoco no ha terminado de cicatrizar? La propuesta de Morena provocó una caída de 23,945 millones de dólares en el valor de capitalización de la Bolsa Mexicana de Valores y una depreciación de 20 centavos del peso frente al dólar. Cayeron con fuerza las acciones de los bancos porque las comisiones son una parte muy significativa de sus ingresos: el mayor banco mexicano, Banorte, perdió 11.9% de su valor bursátil, equivalente a 41,666 millones de pesos.

Se desplomaron también las acciones de empresas no financieras. Walmart de México perdió 8.3% de su valor de capitalización y el grupo IEnova, protagonista en el sector de infraestructura energética, cayó 7.16 por ciento. Un analista de mercados sintetiza ejemplarmente el estado de ánimo: Después de lo de Texcoco, tenemos las comisiones bancarias... no sabemos qué más se les va a ocurrir.

Un legislador del Partido del Trabajo propuso utilizar las reservas del Banco de México para realizar inversiones públicas. En el Legislativo se encuentra una iniciativa que busca combatir las empresas fantasma, pero puede frenar la economía al cambiar la forma en que se tributa el IVA y convertirse en una losa administrativa para las mipymes y personas físicas. Está además, en el ánimo de muchos morenistas la reversión de la reforma energética. De repente, cualquiera de estas propuestas puede convertirse en realidad.

El nerviosismo es creciente entre los empresarios. La molestia también. Preocupa el desdén por las reacciones de los mercados y el predominio abrumador de la lógica política sobre las razones económicas. No sólo AMLO quiere dejar claro quién manda aquí. Por primera vez en muchos años, el equipo económico luce débil en comparación con el resto del gabinete.

Los ganadores del 1 de julio tienen mayoría absoluta en el Legislativo y parece que lo pueden todo, pero la realidad no se agota en el sistema político. En temas económicos, estamos de lleno en la curva de aprendizaje. La pregunta es: ¿Tienen ganas de aprender?

Luis Miguel González

Director General Editorial de El Economista

Caja Fuerte

Licenciado en Economía por la Universidad de Guadalajara. Estudió el Master de Periodismo en El País, en la Universidad Autónoma de Madrid en 1994, y una especialización en periodismo económico en la Universidad de Columbia en Nueva York. Ha sido reportero, editor de negocios y director editorial del diario PÚBLICO de Guadalajara, y ha trabajado en los periódicos Siglo 21 y Milenio.

Se ha especializado en periodismo económico y en periodismo de investigación, y ha realizado estancias profesionales en Cinco Días de Madrid y San Antonio Express News, de San Antonio, Texas.