La prohibición de Clubhouse en China se ha vuelto el último ladrillo de una muralla, que consolida a la que podría ser primera dictadura digital del mundo.

En un momento en el que la vida se ha vuelto prácticamente digital y el tiempo en las redes sociales sobrepasa al de los contactos presenciales.

La app en donde abundan celebridades como Elon Musk, fue lanzada hace ocho meses en Estados Unidos, funciona como un “chat de audio directo”, y fue bloqueada porque permitía a los usuarios abordar temas como los arrestos masivos de uigures, las protestas pro democracia en Hong Kong, y la independencia de Taiwán.

Era la plaza del pueblo sin censura y esto en los dogmas del Partido Comunista Chino, se traduce en una especie de “contaminación espiritual” que debe de ser detenida.

Tal y como se estableció en la campaña de 1983 para frenar las ideas liberales de inspiración occidental entre la población, y tal y como ocurre, en el momento de la historia en donde la gente usa las redes sociales para organizarse e intercambiar ideas, en un contexto de malestar social creciente.

Lo que se traduce en que hay que bloquearla para que no hablen lo que no quieren que hablen, que no sepan lo que no quieren que sepan, y que no piensen cómo no quieren que piensen.

De hecho, esto ya es un éxito con la generación Z, que no conoce las redes sociales que dominan el mundo occidental y que están de acuerdo con la censura, porque sienten que los protege contra el “extremismo y el terrorismo.”

Incluso un estudio reciente realizado en conjunto por la universidad de Stanford y la Beijing, reveló que los estudiantes universitarios pertenecientes a esta generación, tienen muy poco interés en acceder al contenido sin censura. Porque así crecieron y de alguna manera se puede decir, que no extrañan lo que no conocen.

Es la generación de la muralla cibernética que, en ausencia de una forma física, ha adquirido una mental y evitará que se encienda una “primavera china.”

De ahí el que se le haya dado muerte a Clubhouse, para darle larga vida a la soberanía digital, que pretende encerrar a sus ciudadanos en una burbuja, como lo estaban antes de que el gigante asiático se abriera al mundo.

Todo sea por el dominio de la información para formar opiniones, y del silencio que dice más que mil palabras, cuando de silenciar una red se trata, y me temo que esto último ya va más allá de China.

No hay que olvidar el bloque de la administración Trump a la aplicación china Tik Tok en Estados Unidos, y que aún Biden no descarta.

A lo que habrá que agregarle el creciente interés de los gobiernos por regular las redes sociales. Tanto por lo que se dice, como por el destino de los datos, que se convierten en inteligencia artificial y vuelven a la población predecible.

Todos dejamos rastros digitales cuando navegamos por la red y he de compartir con ustedes que la mía con Clubhouse es creciente, me uní justo el día en que China bloqueó la aplicación y tuve la oportunidad de unirme a un chat en donde gente de todo el mundo estaba hablando del tema, inclusive chinos a través de una VPN, y me parece que lo que la hace diferente es la carga emocional que se puede percibir en la voz de las personas, y la cercanía que esto brinda.

Es como si de alguna manera se acabaran las fronteras para debatir y las relaciones Internacionales hayan hecho más personales, en una especie de “arca de Noé” en donde todos tienen una historia que contar y un puerto al cual quieren atracar.

Nos vemos en Clubhouse.

El último en salir apague la luz.

Twitter: @HenaroStephanie

Stephanie Henaro

Profesora de Geopolítica

El último en salir apague la luz

Analista y comentarista mexicana. Estudió la licenciatura en relaciones internacionales en el Tecnológico de Monterrey CCM y en el Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po). Cuenta con una especialidad en política exterior rusa por el MGIMO de Moscú y una maestría en Geopolítica, Territorio y Seguridad en la Universidad de King’s College London en Inglaterra.

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