La trama no examina el proceso mediante el cual este pueblo está atrapado en una espiral de marginación y pobreza, pero sí presenta las consecuencias

Esta película de Gael García motiva varias reflexiones sobre el círculo vicioso de pobreza-falta de oportunidades-violencia-ausencia de futuro-pobreza, así como la fuerte desigualdad social que impera en nuestro país. El escenario de este círculo desesperanzador es San Gregorio Atlapulco, un pueblo en Xochimilco de la CDMX. Es un enclave, donde la pobreza urbana hace que, en este caso los chicuarotes, gentilicio de este pueblo, estén atrapados en un destino sin futuro. La salida fácil es la delincuencia que va escalando de asaltos a pasajeros en el microbús a robo en una tienda hasta el secuestro de un menor. La única salida que ven los dos jóvenes protagonistas es juntar de esa forma 20,000 pesos para comprar una plaza vitalicia en el sindicato de electricistas. “Y tú, ¿qué sabes de electricidad? Nada, se trata de sentarte en un escritorio, no hacer nada y no te pueden correr”. De ese tamaño es la ambición.

Desde la primera escena, vemos la frustración de los dos protagonistas que intentan obtener honradamente unas monedas de los pasajeros del microbús: “Preferimos sacarles una sonrisa en lugar de un susto”, pero cuando nadie les da una moneda, deciden sacar un arma. “¡Se los dijimos por las buenas ahora se chingan, denme todo lo que traigan!”. La trama no examina el proceso mediante el cual este pueblo está atrapado en una espiral de marginación y pobreza. Pero presenta las consecuencias: hacinamiento, violencia familiar, falta de oportunidades e incentivos para estudiar y trabajar, pérdida de valores, la vía delictiva como salida y el sueño de esperanza de que “fuera del pueblo las cosas son mejores”. Hay ausencia de estado de derecho al imperar en el pueblo la ley del más fuerte, usos y costumbres. Pretender linchar a unos supuestos secuestradores está justificado. Pero ¡cuidado! No se trata de una comunidad rural apartada. San Gregorio está a escasos 25 minutos de colonias residenciales de clase alta en el sur de la ciudad.

Lo grave es que para pueblos como San Gregorio prácticamente nada ha cambiado en 70 años. El drama de la pobreza y la crueldad que mostraron Buñuel en Los Olvidados y Oscar Lewis en Los hijos de Sánchez siguen siendo en esencia lo mismo que vemos en Chicuarotes. Lewis introdujo el concepto de la cultura de la pobreza. Vemos que ésta traspasa la realidad económica, política y social de cualquier época. Chicuarotes es un drama urbano, una cinta dura, cruda y realista que nos hace reflexionar sobre la tan recurrente pregunta: ¿qué políticas públicas efectivas necesitamos para romper el ciclo de marginación y pobreza para lograr la inclusión a una vida productiva y con bienestar?