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¿Cartera activa o pasiva?
En Morningstar siempre hemos sostenido la idea de que los inversionistas pueden construir sus carteras exclusivamente con fondos de gestión pasiva o ETF (también llamados fondos cotizados), únicamente con fondos de gestión activa, o bien, una combinación de estas dos fórmulas.
Que el inversionista elija finalmente una opción u otra dependerá de sus características personales: el tipo de vehículo financiero con el que se siente más cómodo, o bien, el nivel de seguimiento que quiere realizar de sus inversiones.
Hay otras cuestiones que pueden tener su influencia a la hora de construir un tipo de cartera:
1. El aspecto fiscal es, sin duda, un de las que mayor influencia tiene. En algunos países, como en España, por ejemplo, los ETF no tienen el mismo tratamiento fiscal que otros vehículos financieros y eso conviene tenerlo en cuenta.
2. Las expectativas de rentabilidad que uno tiene establecidas. Si uno se conforma con obtener la rentabilidad del mercado, entonces los ETF (Exchange Traded Fund), o los fondos de gestión pasiva, son lo recomendable, aunque la gama de gestión pasiva no es tan extensa como la de los fondos cotizados; por ejemplo, no es tan fácil encontrar un fondo índice referenciado al índice de bolsas mundiales o al índice de mercados emergentes.
Si uno tiene la pretensión de batir al mercado, entonces no queda más remedio que apostar por fondos de gestión activa. ?Hay un trecho importante entre querer batir al mercado y conseguirlo. No sólo los fondos de gestión activa en conjunto no consiguen batir al índice de referencia, sino que los inversionistas suelen obtener resultados decepcionantes, debido a que pasan de un fondo a otro atraídos por las rentabilidades a corto plazo.
3. El control de riesgo. Si uno está muy preocupado por esta cuestión, es evidente que los fondos de gestión activa sufren, por lo general, pérdidas máximas inferiores a las de los fondos pasivos. Los gestores activos suelen, en efecto, aumentar el peso de la liquidez en los momentos de turbulencias bursátiles y algunos de ellos consiguen evitar los segmentos del mercado más problemáticos. Eso les permite mantener una volatilidad inferior a la de los productos pasivos que no disponen de esa posibilidad. Por supuesto, no todos los gestores activos consiguen sacar provecho de estas técnicas defensivas, por lo que uno no debe asumir que la gestión activa conlleva necesariamente una buena protección del capital.
4. Tolerancia. La elección puede depender de si uno es bueno a la hora de seleccionar fondos. Sea honesto consigo mismo y compare las rentabilidades de su cartera con un determinado índice de referencia. Si resulta que no ha conseguido aportar un valor significativo con la selección de sus fondos, decántese por una cartera de gestión pasiva. La tolerancia es un arte, y usted se encuentra en la línea de aprendizaje.
5. Paciencia. Optar por una cartera activa o pasiva puede estar relacionado con lo paciente que uno es en soportar fuertes diferencias respecto del mercado.
En muchas ocasiones, para poder batir al índice de referencia, los gestores activos suelen distanciarse bastante de ese benchmark. Esto les permite obtener resultados por encima de la media en largos periodos de tiempo, pero también pueden sufrir momentos en los que se quedan muy por debajo de la media. Los fondos índice también pueden obtener resultados negativos en determinados periodos, pero uno puede tener por lo menos el consuelo de que, en ningún momento, lo hará mucho peor que el mercado.
Considerar estas cinco cuestiones no es fácil, hacerlo es el reto.
Fernando Luque, editor Morningstar.
Fernando.luque@morningstar.com