Señor Presidente: usted declaró que 80% del territorio nacional no está comunicado con Internet y pidió a los concesionarios que no han conectado el país que se hagan a un lado, porque el gobierno va a tener su empresa para comunicar con Internet a todos los mexicanos. Es de celebrar que al más alto nivel se pronuncie y se preocupe por conectar el país, pues de eso dependerá que su gobierno alcance varios de los logros que se propone. Pero alguien le está sugiriendo las alternativas erróneas.

Un angelito le dice a usted al oído que es justo conectar a los mexicanos porque es un derecho fundamental; pero un diablito le está dando malos consejos. El angelito le susurra que lleve Internet a las zonas rurales más apartadas del país porque los operadores no están llegando a esas comunidades; pero el diablito le propone que haga a un lado esas compañías y que cree una nueva empresa de telecomunicaciones para lograrlo.

Ese angelito también le ha dicho con anterioridad que la red de fibra óptica de la Comisión Federal de Electricidad debe servir para conectar escuelas, hospitales, carreteras y plazas públicas mediante una licitación (y nadie está en contra); pero una vez más el diablito, que es muy impulsivo, manda al diablo a las empresas que no se interesen por la convocatoria y le aconseja que sea el gobierno el que ilumine y opere la red de fibra óptica.

Finalmente, el angelito (que le sobra sentido común pero no sabe mucho de planeación) lo convenció de lograr una cobertura de banda ancha de 95% de la población cuando concluya su sexenio, y así quedó plasmado en el Plan Nacional de Desarrollo, porque eso es bueno para México; pero el diablito (que sabe que el demonio está en los detalles), no aportó más datos y no sabemos cómo va a ser posible tan noble propósito.

Señor Presidente: sacúdase esas moscas que le zumban al oído y ponga a las empresas establecidas a invertir y ampliar la conectividad y a las instituciones a trabajar que para eso están.

Todos conocemos su animadversión al neoliberalismo, pero esa política económica surgió ante la ineficiencia del Estado empresario. Seguramente, usted recuerda que antes de la privatización de Teléfonos de México había 1.5 millones de solicitudes de líneas fijas pendientes por instalar y la empresa tardaba, en promedio, 716 días para instalar una línea.

Ahora usted quiere regresar a una empresa estatal de telecomunicaciones e Internet operada por el gobierno. Es cierto que una empresa estatal no es sinónimo de ineficiencia, pero recuerde que su gobierno concluye el último día de noviembre de 2024; para entonces, no sabremos qué avance tendrá en cobertura y acceso la dichosa red. Usted dijo en su toma de posesión que no metía las manos al fuego por nadie; usted no puede garantizar que esa nueva empresa será la solución a los problemas de conectividad del país, usted desconoce la (in)capacidad técnica de los futuros administradores de la red, usted ignora el trasfondo político que puede llegar a tener esa empresa durante y, sobre todo, después de su sexenio. Con las mejores intenciones, porque sigue los consejos de su angelito social, usted va a heredar al país otra empresa que no tardará en apartarse de sus objetivos, por hacerle caso a un diablito irresponsable que se va a lavar las manos cuando todo salga mal.

Señor Presidente: usted puede hacer algo más trascendente que crear empresas como si el gobierno fuera una incubadora. Con su liderazgo y autoridad, puede instruir a sus secretarios para que cumplan el artículo sexto de la Constitución. Ahí dice que el Estado garantizará a la población su integración a la sociedad de la información y el conocimiento, mediante una política de inclusión digital universal con metas anuales y sexenales.

Pídale a la Subsecretaría de Comunicaciones y Desarrollo Tecnológico que diseñe políticas públicas, que ha sido el grán déficit de los gobiernos anteriores, a los cuales su Cuarta Transformación no quiere parecerse. Recuérdele a la Coordinación de la Estrategia Digital Nacional (EDN), que la tiene muy cerquita en la Oficina de la Presidencia, que seguimos esperando los objetivos, las estrategias, los habilitadores de la gran transformación digital de México. Exíjale a sus subalternos que en las políticas y programas digitales incluyan indicadores, métricas y objetivos mensurables, porque vivimos en la era de la información, y porque la palabra “estadista” (algo que usted quiere ser), también proviene de la palabra “estadísticas”.

Señor Presidente: su visión digital y tecnológica es a 2024. Con el enorme y acelerado avance tecnológico, ¿imagina los avances, los cambios, las innovaciones que ya habrán ocurrido para esa fecha en el mundo, o bien, el atraso digital al que podríamos estar expuestos? 2024 puede ser un gran año para México y su gobierno. Sólo un líder visionario es capaz de dimensionarlo.

Señor Presidente: requiera del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT) las acciones necesarias para que “contribuya” (esa es la palabra indeleble en la Carta Magna) con su política de inclusión digital universal. Sabemos que a usted le antipatizan los organismos autónomos por onerosos y por ser un resabio del neoliberalismo. ¿Usted cree que los comisionados de los reguladores autónomos ganan mucho dinero?, entonces haga que desquiten su salario. Convoque a la misma mesa a la Secretaría de Comunicaciones y Transportes (SCT) y al IFT, porque parecen niños chiquitos que no se hablan y cada uno defiende con celo sus juguetes institucionales. Póngalos de acuerdo sobre el mismo objetivo que deben perseguir ambas instituciones, que es conectar y digitalizar México con competencia, calidad, pluralidad, cobertura universal, interconexión, convergencia, continuidad, acceso libre y sin injerencias arbitrarias.

A su gobierno, a la SCT y a la EDN les corresponde decir qué hacer. Es atribución autónoma del IFT plantear cómo hacerlo. Y las empresas de telecomunicaciones tienen que hacerlo.

Señor Presidente: reúnase con los operadores de telecomunicaciones y escúchelos. Unos le van a sollozar que falta competencia efectiva, y tendrán razón porque el regulador no la ha definido; otros se quejarán de que la regulación asimétrica y la preponderancia inhibe sus inversiones (y también tendrán razón, porque usted ya sabe que existe un déficit de cobertura y conectividad). No se asuste de que todos defiendan su interés comercial porque es legítimo. Sólo usted puede lograr que todos comulguen con el interés público digital que debe perseguir la 4T.

Señor Presidente: contrario a los siseos del diablito, crear una nueva empresa de telecomunicaciones significa rendirse. Implica abandonar la plaza de las políticas públicas y la regulación eficiente y prospectiva. Demuestra desprecio por la política y la negociación con los operadores y el regulador. Confunde la estrategia con la obsesión. Es bajar los brazos ante las soluciones siempre fáciles pero costosas que le aconseja el diablito zumbón. Su antecesor en la Presidencia de la República dedicó tanto esmero a generar condiciones de competencia que abandonó la cobertura. Le hizo caso al diablito (como siempre ocurre) e ignoró al angelito. El gobierno abdicó de buscar la cobertura vía la inversión de los operadores y entonces creó la Red Compartida en la banda de 700 MHz. El diablito se salió con la suya.

Señor Presidente, le pregunto: ¿qué se siente heredar un problema y no saber qué hacer con él para resolverlo? Eso es la Red Compartida, eso puede llegar a ser su nueva empresa. Usted quiere crear un nuevo operador cuando su gobierno ya es socio de la Red Compartida vía el Organismo Promotor de Inversión en Telecomunicaciones. ¿El angelito no le recordó que esa red llegará a 92.2% de la población en 2024? No es que el diablito sea mal consejero, sino que siempre se sirve de nuestras debilidades, en este caso, la soberbia. Ese pecado capital de varios gobiernos anteriores tiene a México semi comunicado a Internet…

Twitter: @beltmondi

JorgeBravo

Analista de medios y telecomunicaciones y académico de la UNAM

En comunicación

Estudio los medios de comunicación, nuevas tecnologías, telecomunicaciones, comunicación política y periodismo. Autor del libro El presidencialismo mediático. Medios y poder durante el gobierno de Vicente