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Opinión

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Capital humano

Invertir en el capital humano de la población es crucial para alcanzar altos niveles de desarrollo económico. El concepto de capital humano abarca las habilidades con las que nace cada individuo, los conocimientos adquiridos en la educación formal y el entrenamiento en el trabajo. Una población con altos niveles de capital humano, pero sobre todo uno de alta calidad, tenderá a ser un país con mayores niveles de desarrollo.

De las habilidades no hay mucho que comentar, ya que es un asunto genético, excepto que éstas pueden ser perfeccionadas con su práctica. Del componente de la educación formal hay varias cosas que merecen ser destacadas, y es el mejor ejemplo de una externalidad positiva, una que resulta en un mayor beneficio social derivado de las decisiones individuales en materia educativa. Son varios los elementos que entran en esta externalidad.

Primero, entre mayor sea el nivel de capital humano de los padres, en particular el de las mujeres, menor tenderá a ser la tasa de fertilidad, lo que se traduce en un menor número de hijos por familia. Esto implica que el gasto familiar destinado a cada hijo en alimentación, educación, servicios de salud, vivienda, etcétera, será mayor. O como se dice coloquialmente, la familia pequeña vive mejor .

Segundo, existe evidencia de que entre mayor sea el capital humano de los miembros que componen la familia, mayor será también el cuidado en términos de salud: mejor alimentación, menor incidencia de adicciones como el tabaquismo, mejores medidas sanitarias, etcétera. Individuos más sanos, además de tender a ser más productivos, también lleva a una menor presión sobre los sistemas de salud.

Tercero, existe un círculo virtuoso: entre mayor sea el capital humano de los padres, mayor importancia le van a dar a la educación de sus hijos, lo cual lleva a la decisión de destinar un mayor porcentaje del gasto familiar a este rubro. Que los hijos tengan un nivel de capital humano igual o mayor que el de los padres es un elemento crucial en la movilidad social.

Finalmente, un mayor nivel y calidad del capital humano con el que cuente cada individuo dentro de la sociedad se constituye como un elemento que influye positivamente en la productividad en el trabajo. Más aún, entre mayor sea el capital humano, más fácil y menos costosa será la introducción de nuevas tecnologías de producción y la adaptación a éstas por parte de la fuerza laboral.

Estamos ante lo que el Foro Económico Mundial ha denominado la Cuarta Revolución Industrial, caracterizada por la rápida adopción de nuevas tecnologías de producción centradas en la utilización de tecnologías de la información, una que desplazará (o destruirá) muchos puestos laborales tal y como los conocemos hoy. De ahí la importancia de centrar el esfuerzo nacional, tanto del sector privado, pero más aún del sector público, para aumentar el capital humano de la población, particularmente en lo que toca a quienes están todavía en la escuela, destacando la importancia del tipo de conocimientos que se transmiten y aprenden para que puedan ser útiles, productivamente, cuando egresen de las escuelas y se incorporen al mercado laboral.

La reforma educativa se ha centrado hasta ahora en los aspectos de carácter laboral, un avance respecto de lo que teníamos hasta hace dos años, pero es insuficiente. Se requiere una profunda revisión de los programas y técnicas pedagógicas y de estudio. Ante los retos que presenta esta nueva revolución tecnológica, no podemos seguir con modelos educativos del siglo XX, ya que ello nos dejaría, como país, en desventaja.

ikatz@eleconomista.com.mx

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