De acuerdo con la Organización de la Naciones Unidas (ONU), el cambio climático es uno de los mayores desafíos de nuestro tiempo y representa una presión constante sobre la sociedad y el medio ambiente.

El cambio climático amenaza la producción de alimentos, el calentamiento y aumento del nivel del mar, disminuye las cantidades de nieve y hielo en el planeta y al mismo tiempo, incrementa el riesgo por inundaciones catastróficas en una escala sin precedentes.

Debido a las emisiones de efecto invernadero, es probable que al final del siglo, la temperatura media mundial presente un aumento de 1-2°C en relación con el nivel de 1990.

Además, existen pruebas alarmantes de que se pueden haber sobrepasado puntos de inflexión que darían lugar a cambios irreversibles en el sistema climático y en importantes ecosistemas, tal como lo señala el reporte del IPCC al mencionar que el 2030, es la fecha límite para que la humanidad tome acciones que permitan revertir el calentamiento global.

La claridad en la selección de los proyectos, así como el establecimiento de criterios de medición de impacto que coadyuven a transitar a una economía baja en carbono, son condiciones necesarias en la emisión de un bono verde.

El mercado de bonos verdes inició en el 2007 con una emisión de 600 millones de euros por parte del Banco Europeo de Inversiones y desde ese momento, ha crecido sustancialmente. De acuerdo a lo señalado por la Corporación Financiera Internacional (IFC, por su sigla en inglés), en el transcurso del 2017 la emisión de bonos verdes creció 78% a nivel internacional, alcanzando un monto de 155 billones de dólares. Se espera que para al cierre del 2018, se hayan colocado 250 billones de dólares.

En México, la BMV ha liderado los esfuerzos para la creación de un mercado verde a través de la iniciativa MexiCO2 con quien ha desarrollado instrumentos de mercado que promueven y coadyuvan a los objetivos de mitigación y adaptación al cambio climático. Bajo esta iniciativa, se imparten también talleres y guías, se alienta a emisores a etiquetar bonos verdes y crear índices, entre otros mecanismos de otorgamiento de visibilidad, y se promueven estándares por medio del Consejo Consultivo de Finanzas Verdes.

De esta forma, el primer bono verde en el país se colocó en el 2015 y, desde entonces, se han realizado nueve emisiones verdes. En la columna de este próximo viernes, aportaremos datos importantes sobre el reto que enfrenta el sector agroalimentario por el cambio climático, y cómo FIRA, entidad de fomento originada en el Banco de México, incursiona en el mercado de deuda con mecanismos que contribuyen a la inversión de proyectos verdes.

*Alberto Lara López  y Ernesto Fernández Arias se desempeñan como director general adjunto de Finanzas y director técnico de Pesca y Redes de Valor respectivamente. La opinión aquí expresada es de los autores y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

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