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Opinión

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CSI: Juárez (Episodio final)

Al percatarse que el automóvil en el que fueron asesinados Lesley Enriquez y Arthur Haycock había sido manejado por Alberto Cruz, el teniente Horatio Caine, de Miami, se quitó sus anteojos oscuros y, enojado, llamó la atención al comandante Rolando Calilla y al agente Chuby Chanchomón, los dos policías de Juárez que los auxiliaban en sus investigaciones. Ya contaminaron la escena del crimen -los increpó-. ¡Oh! –le respondió Calilla- si se contamina el aire que no se contamine la escena de un pinche crimen.

Mientras tanto, Raymond Langston, de Las Vegas, y el teniente Mac Taylor, de Nueva York, interrogan a Alberto Cruz, cuyas huellas digitales fueron encontradas en la portezuela del auto del crimen por Natalia Boa Vista, buenísima -en todos sentidos- detective de Miami, y corroboradas en la computadora por Catherine Willows, experimentada rubia de Las Vegas. Será mejor que nos digas adónde fuiste a pasear –lo conmina Mac-. Ya les dije que fui con una morra a un motel. Raymond que no sabe lo que significa morra , busca en su diccionario inglés-caló el significado de la palabreja. Por fin lo encuentra: ¿Así que fuiste con una señorita? Ése fue el problema –afirma el interrogado- que como era señorita me tardé en convencerla.

Pero Stella Bonasera, la detallista investigadora neoyorquina, ha encontrado algo en las llantas del coche y se los hace saber a sus compañeros: Miren chicos, los neumáticos tienen tierra de El Paso. ¿Qué dices a eso? -interroga Mac a Beto-. Que ni siquiera sé lo que es un neumático –contesta éste- nosotros les decimos llantas . Acomodándose sus inseparables lentes oscuros, Horatio se acerca al interrogado, llámalas como quieras, pero dinos:

¿Qué fuiste a hacer a El Paso? Yo, este -balbucea Beto Cruz visiblemente nervioso-.

En español, para que no entiendan los gringos, Chanchomón le comenta a Calilla: Ya la cagó el güey de mi cuñado, ¿qué hago? Hazte pendejo –recomienda el Comandante y al ver la cara de Chuby agrega- pero no te adelantes.

Echándole montón a Beto, Horatio, Mac y Raymond lo amenazan con someterlo al polígrafo para que diga la verdad. ¿Un polígrafo? –pregunta el sospechoso- pues que me vieron cara de César Nava o de Enrique Peña Nieto. Al escuchar el último nombre, las tres mujeres se alborotan y usando sus guantes como pompones los agitan y dicen a coro: Henry Rock Grandson, I want you in my colchón! Lo cual indica que la fama de este político ha traspasado las fronteras.

El curso de la investigación

A cambio de ser librado del polígrafo y puesto en libertad, Beto Cruz soltó la sopa de lo que fue a hacer a El Paso: Fui a visitar a unos cuates sicarios del Barrio Azteca, supuestamente ellos mataron a sus paisas. Operan en Juárez. pero viven del otro lado. ¿Por qué viven ahí? –preguntó Horatio quitándose los anteojos oscuros-. Porque El Paso es una ciudad segura, en cambio en Juárez hay mucho peligro con tanto pandillero y el Ejército en las calles. El comandante Calilla le recomendó al soplón: Vas a tener que ponerles a los gabachos a algunos de tus compas de allá para que te demos la viada acá.

Habla con El Tablas y explícale. El jefe no está en El Paso –reveló Beto-. Anda en Dallas, fue a comprar armas a la Barata Anual de Primavera. Pues si quieres desafanar tienes que darles algo a cambio –terció el agente Chanchomón-. Un telefonazo de Beto arregló las cosas. Okay, hecho el tiro –indicó- les van a poner 50 batos para que se adornen con sus jefes. Mac Taylor habló con Andrea Simmons del FBI y le dio instrucciones.

Al día siguiente los medios anunciaron: 200 efectivos del FBI detienen a 50 peligrosos miembros de Los Aztecas en El Paso . En realidad hubieran bastado tres sheriffes para agarrarlos, pero a los gringos les encanta to do it of fart.

Con los 50 Aztecas, los más drogos, locos y pendejos, en manos del FBI, a los seis detectives de CSI sólo les faltaba determinar el móvil de los asesinatos y las armas utilizadas. Se dividieron el trabajo, mientras Mac, Horatio, Catherine, Stella y Natalia acompañadas de Rolando Calilla se dirigieron al lugar donde mataron a Jorge Salcido, Raymond y el agente Chuby Chanchomón fueron al Semefo a identificar y examinar los cadáveres.

En el camino, el mexicano se pasó tres altos. ¿Por qué te pasas los semáforos en rojo? –preguntó Raymond. ¡Oh!, porque autoridad que no abusa se desprestigia –fue la respuesta-.

¡Guácala de pollo! –exclamó Chuby con asco- al ver al doctor Langston hacer las necropsias. Mira –le comentó el forense de color subido al agente policiaco, pálido en este momento-, encontré dos balas calibre 7.62-39 milímetros, disparadas por un AK7, rifle de fabricación rusa. Y que en tu país venden hasta en los súpers –complementó el policía mexicano-. Ya se por qué te mandaron a ti a hacer este jale. Porque tú haces el trabajo que hasta a los mexicanos nos da asco hacer –dijo Chanchomón y corrió a vomitar-.

La noche de un día difícil

Los policías mexicanos invitaron a los detectives gringos a echarse unos tragos en el Reco Bar. Luego de un brindis, Mac comentó: Falta saber el móvil de los asesinatos. Mira carnal –dijo Calilla confianzudo- el móvil de éstos y de 99% de los crímenes que se comete en Juárez es el narco. Podrán atrapar y matar capos, pero atrás de ellos van a surgir otros y otros porque el narco es como las lagartijas les cortas la cola pero solitas la regeneran. A propósito de colas –pensó Chanchomón- voy a invitar a bailar a las chavas, chance y ya pedas aflojen. Fue a sinfonola, sólo había narcocorridos en el catálogo, puso La Nave 727 y las sacó a bailar. Al calor de las copas, el Comandante encendió un churro de mota ante sus huéspedes, luego de una larga fumada, contuvo el humo y les invitó: Lléguenle, es de la que fumaba El Santo antes de ponerse la máscara. Escandalizados ante el descaro del policía mexicano, los detectives gabachos fijaron su atención en la rola que se escuchaba: Su destino eran los cielos lo firmó Amado Carrillo , Horatio, que hasta en la penumbra del antro traía sus anteojos oscuros, comentó que no era edificante hacerle una canción a un delincuente. Delincuentes La Mataviejitas y el Padre Maciel –le aclaró Calilla bien cruzado- los capos mexicanos son admirados por el pueblo al que benefician y dar de comer y son tan chingones que tienen invadido su país de droga y no los agarran.

El informe

A bordo del avión que los lleva a su país, los seis investigadores de CSI escriben su informe dirigido a Hillary Clinton, Janet Napolitano, Robert Gates y Dennis Blair: Es urgente su presencia en Juárez, según las fuentes consultadas estamos perdiendo 25,000 millones de dólares que los mexicanos lavan. Estados Unidos les vende armas y ellos nos invaden de droga: Nosotros ponemos las narices y ellos los muertos. Horatio interrumpe la redacción para preguntar: ¿Alguien ha visto mis anteojos? No –dice Natalia, que agrega al documento- les escribimos con pluma y papel porque inexplicablemente se nos extravió la computadora.

Epílogo

Los lentes que le chingué al güero no son de marca –notifica Chuby a Calilla-. Te digo que los policías gringos son pobres. ¿Cuánto nos dará don Vicente por la computadora? Trae buena información.

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