El Buen Fin es un coro de ofertas en el que los medios de comunicación participantes venden sus servicios de coordinación publicitara para que durante el puente revolucionario inciten a los consumidores a salir de compras. La primera experiencia del año pasado fue positiva para todo el comercio mexicano.

Lo mejor que tiene El Buen Fin es la publicidad. Se hace tanta alharaca de este evento que eso es lo que lo hace ver como algo muy exitoso.

Todas las tiendas comerciales tienen entre sus estrategias ofertar determinados productos, ya sea por final de temporada, por desplazar inventarios o simplemente como una manera de mejorar su imagen ante los clientes.

En los presupuestos anuales de los comercios están contabilizados estos descuentos, siempre con la esperanza de que el menor margen de ganancia se compense con un mayor desplazamiento.

El Buen Fin es un coro de ofertas en el que los medios de comunicación participantes venden sus servicios de coordinación publicitaria para que durante el puente revolucionario inciten a los consumidores a salir de compras.

La primera experiencia del año pasado resultó positiva para el comercio. Los resultados fueron los esperados, muchos consumidores se animaron a comprar a plazos bienes duraderos que apenas este mes terminaron de pagar en el famoso esquema de meses sin intereses y el gobierno federal obtuvo un buen incremento en el índice de consumo durante noviembre del año pasado.

La idea está inspirada en el Black Friday de Estados Unidos. Ese tercer viernes de noviembre, justo un día después del Día de Acción de Gracias, en que las tiendas rematan sus existencias.

La realidad es que el primer Buen Fin quedó lejos del más modesto de los Black Friday que se pueda recordar. La acreditación de esta fecha en Estados Unidos es tal que las tiendas verdaderamente agotan sus productos.

El Buen Fin podría ser un viernes negro en pañales, con miras a que pudiera crecer y mejorar sus alcances, todo dependerá de que crezca de una manera sana esta tradición. Si las metas anuales de este programa no se vuelven muy excéntricas, podría tener un largo futuro.

Por ejemplo, después del buen éxito que tuvo el programa de ventas el año pasado, empezaron a surgir ideas, algunas buenas otras ilógicas.

Se planteó y se logró el año pasado que los burócratas contaran con un adelanto de sus aguinaldos para poder gastarlo en El Buen Fin. Hay que recordar que para los trabajadores al servicio del Estado, papá gobierno les administra el aguinaldo en varios pagos para que no se lo gasten todo.

Algunos trabajadores de las entidades federativas recibirán una parte de esta compensación anual, pero en el sector privado las empresas han fingido demencia y no hablan de pagar en estos días una parte del aguinaldo.

Otra idea alocada fue que el gobierno condonara el Impuesto al Valor Agregado de los que compraran durante los días de la promoción.

La operación del sistema tributario mexicano es tan complicada que esta posibilidad se antojaba como prácticamente imposible de implementar. Y es que el impuesto directo se arrastra en diferentes momentos de la cadena y romper ese proceso en el eslabón final hubiera infartado a más de un contador público.

Además de que la Secretaría de Hacienda no tiene la facultad de simplemente decretar el no cobro de un impuesto, necesitaba esto del concurso del Congreso y, bueno, pues ya los conocemos.

Algo adicional era el incentivo fiscal perverso de querer facturar todo lo posible durante los días de El Buen Fin, aunque se tratara de operaciones ficticias.

Otro resultado de El Buen Fin del año pasado fue que, sin duda, le quitó fuerza a las ventas de diciembre, pues muchos aprovecharon para adelantar las compras. Eso al final es un efecto estadístico, pero también cuenta.

Algo adicional que vimos durante la promoción del año pasado es que también hubo una versión pirata de El Buen Fin, no sólo los que se colgaron del nombre para sus esloganes, sino El Buen Fin del ambulantaje que también se puso en oferta con sus productos robados, imitados y de mala calidad.

Las que más pueden sufrir con la promoción que inicia el 16 de noviembre son las familias que no tengan una apropiada planeación financiera y den rienda suelta a sus líneas de crédito.

Cuando alguien se planta frente a la pantalla de sus sueños, la encuentra con un descuento atractivo, a meses sin intereses y cuando el domingo hay futbol, la realidad es que hay quien se olvida de las colegiaturas.

ecampos@eleconomista.com.mx