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Opinión

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Brecha digital 2.0

La Internet móvil es una de las herramientas que debe ser utilizada por los gobiernos para mitigar el impacto de la brecha digital, sobre todo en los países en vías de desarrollo; no obstante, es importante aclarar que la brecha digital ya no se compone simplemente de la falta de acceso a Internet.

Así como en los pasados años, las velocidades de conexión a Internet han evolucionado, también lo ha hecho la brecha digital. Esta brecha digital 2.0 se centra en poder contar con acceso a contenidos que fomenten el desarrollo personal y comunitario de quienes acceden a Internet. Una conexión lenta implica estar en desventaja en el acceso a servicios de gobierno electrónico, teleeducación, telemedicina o teletrabajo.

Ante esta realidad, el arribo de tecnologías como LTE y HSPA+ a zonas rurales viabiliza que los usuarios tengan la capacidad de utilizar aplicaciones y software que sería impensable poder utilizar con una simple conexión conmutada o por una conexión básica que técnicamente puede ser clasificada como banda ancha. Es necesario recordar que distintas entidades internacionales la establecen en 256 Kbps.

Obviamente tener cobertura básica de redes inalámbricas móviles es un primer paso importante. Lo que hay que asegurar es que existan las condiciones apropiadas para que las tecnologías que se entregan sean equiparables a las ofrecidas en los centros urbanos.

Esta labor no es fácil y requiere desde que haya disponibilidad de espectro radioeléctrico como un marco legal donde no impere la burocracia al momento de entregar autorizaciones para el despliegue de infraestructura. Asimismo, debe existir una colaboración entre el sector privado y el gobierno para hacer más eficiente la inversión al evitar la duplicidad de costos en despliegue de red.

El advenimiento de tecnologías inalámbricas como LTE también tiene un impacto positivo en el desarrollo de las conexiones de banda ancha cableada, pues impulsa en zonas suburbanas y rurales a los operadores de DSL o cable módem a mejorar su oferta para mantenerse competitivos frente a la nueva alternativa móvil.

Su impacto también se ve reflejado en zonas urbanas, donde está sirviendo de catalítico para impulsar el crecimiento de la descarga de tráfico en los hogares por medio de WiFi u otras tecnologías como las femtoceldas. No obstante, esta nueva relación simbiótica aún se encuentra en fase de gestación, debido al bajo número de hogares mexicanos que utiliza WiFi.

Cifras reportadas por la consultora Strategy Analytics muestran que la adopción de WiFi por hogares mexicanos, aunque superior al promedio mundial de 25% de los hogares, aún se encuentra a niveles bastante bajos en comparación de mercados en desarrollo.

Mientras a finales del 2014 57.8% de los hogares de Estados Unidos y 80.4% en Países Bajos contaban con WiFi en México, esta cifra era de 33.4% y con expectativas de crecimiento a 39.8% para finales del 2018.

Como se puede observar, aún hay mucho trabajo por hacer para mejorar las conexiones a banda ancha en México, tanto en zonas rurales como urbanas. Sin olvidar que las tecnologías móviles serán para muchos su primer acceso Internet.

Para romper con la brecha digital 2.0 hay que llevar la experiencia más allá de las redes sociales, e-mail y chat. Hay que educar a las personas para que entiendan que con el acceso a Internet tienen en sus manos una herramienta para el desarrollo personal y profesional.

LTE es un gran primer paso para mejorar las velocidades a las que acceden los usuarios, pero no significa que el trabajo está terminado. Las conexiones fijas y móviles son complementarias, la expansión de 4G y la eventual llegada de 5G harán cada vez más cierta esta aseveración.

*José F. Otero es Director para América Latina y el Caribe de 4G Americas.

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