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Opinión

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Boom de clínicas contra adicciones

Hay más de 1,800, pero no se sabe cuál sí funciona, cuál no y si los tratamientos son adecuados; urge regularlas y certificarlas,

Los empresarios de este sector lo dicen: este gobierno ha hecho en atención a adicciones más que ningún otro en la historia del país. Pero la cantidad de recursos destinados vía el Consejo Nacional contra las Adicciones, los Centros de Integración Juvenil, las clínicas Nueva Vida (se quieren abrir 200), el Instituto Nacional de Psiquiatría, en realidad es nada comparado con todo lo que se necesita.

Estamos en riesgo de que nos explote una verdadera pandemia de adicciones, sobre todo entre jóvenes cada vez de menor edad. El promedio de edad que atendían para rehabilitación las clínicas Monte Fénix hace 10 años era de entre 28 y 35 años; hoy es de entre 15 y 25 años. Y el doctor Jorge Larrea Espinosa, vicepresidente de la Fundación Monte Fénix, que fundó su abuelo Manuel Espinosa Yglesias, piensa que si no corregimos la tendencia, la edad se seguirá reduciendo y el esquema de atención tendrá que ser diferente por completo, aparte de que mucho más costoso. Ante la creciente demanda están surgiendo infinidad de clínicas privadas de rehabilitación para personas adictas. El secretario de Salud, José Ángel Córdova, calculaba el número en unas 1,500, pero recién elevó su estimación a 1,800. La realidad -él mismo reconoce- es que no se sabe cuántas hay y es urgente no sólo identificarlas, sino regularlas y, más aún, certificarlas.

En el camino quedarán muchas de las que hoy intentan atender a los adictos sin grandes resultados. Podría ser el caso de las llamadas granjas, en muchas de las cuales se humilla y maltrata al adicto creyendo que así va a dejar de beber o drogarse, sin considerar que está enfermo y requiere tratamiento profesional y multidisciplinario.

Habrá algunas de estas granjas que sí tienen resultados. El punto es que hoy un paciente adicto y su familia no tienen manera de saber si su tratamiento es el adecuado.

Las clínicas mejor conformadas y más profesionalizadas buscan cómo enriquecer los esfuerzos gubernamentales.

Sí se requiere poner orden en este sector, pero también, advierten, debe haber cuidado de no sobrerregular.

Entre las clínicas privadas reconocidas están Monte Fénix y Clínicas Clyder, Oceánica, Hacienda del Lago en Guadalajara, Casa Nueva del Dr. Jorge Sánchez Mejorada, Quinta Santa María que está camino a Pachuca. Y seguramente habrá algunas otras que no se conocen y tienen estándares de calidad, pero en realidad no se sabe cuáles.

En el caso de Monte Fénix, el costo de la rehabilitación es el equivalente a 12,000 dólares por un tratamiento de tres meses. En otros países como EU, los tratamientos antiadicciones de primer nivel llegan a costar hasta 30,000 dólares.

En México, ante la creciente demanda y buscando que mayor número de familias puedan acceder, Fenix abrió una opción más accesible en clínicas Clyder, con tratamiento de dos semanas a 25,000 pesos. Aun así, muchas de las más de 4,000 llamadas que reciben al año pidiendo informes son de gente que no tiene forma de pagar esa cantidad. La necesidad es grande, el gobierno nunca se dará abasto y es un segmento a explotar económicamente, pero con la regulación adecuada.

Y no sólo eso, es otra área de oportunidad que como país podríamos aprovechar para atender el turismo médico estadounidense en cuestiones de salud mental.

El nicho de rehabilitación en adicciones, si se desarrolla bien, sería un beneficio para nuestros jóvenes mexicanos, pero también podría generar una derrama económica importante para la industria de salud en México.

Vales de medicina es eficiencia

Sobre la reforma legal para que el IMSS de vales de medicina para surtir recetas cuando tenga desabasto, no está claro dónde está lo malo.

El supuesto terror casi fantasmagórico que algunos políticos le dicen tener a la privatización del IMSS, en realidad no es nada frente a la pesadilla de miles de pacientes por no recibir su medicamento adecuado y a tiempo. Es cuestión de eficiencia. Si dicen que el beneficio es sólo para las farmacéuticas y distribuidoras, en realidad éste ya existe: muchas familias se ven obligadas a comprar sus medicamentos que no les puede dar el IMSS y el gasto de bolsillo siempre es más caro. Esperemos que el Senado lo desatore y de adelante con este punto vital.

Lo que sí no es mala idea es la propuesta de Antonio Pascual, de Anafarmex, de impulsar vales y recetas electrónicas con el fin de evitar la fal

sificación.

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