La basura es un canal abierto en los circuitos de producción y consumo. Es una falla del mercado y/o una falla institucional. Se trata de materiales sin valor de mercado y sin incentivos para su acopio y reuso. Genera enormes problemas de contaminación de mares, ríos, cañadas y espacios públicos en las ciudades. Impacta tremendamente al paisaje, degrada suelos y crea un ambiente de deterioro y desolación. Todos ellos son bienes públicos y difícilmente actores privados se encargarán de recogerla y darle un destino adecuado sin una acción colectiva eficaz emprendida por los gobiernos.

La recolección y disposición final de la basura es una facultad municipal de acuerdo al inefable Artículo 115 constitucional. De hecho, el aseo urbano y los sistemas de gestión de residuos urbanos son un inmejorable indicador de gobernanza local. No obstante, la producción de envases, empaques y embalajes que dan origen a la basura quedan fuera de las esferas municipales de atribución. Debe ser considerado, por tanto, también, un asunto federal.

Los volúmenes per cápita y la composición de la basura varían con los niveles de ingreso (entre 1 y 2 kg diarios por persona). A más ingreso, más basura. Igualmente, a más ingreso, los patrones de consumo cambian y los materiales inorgánicos tienen un mayor peso en su composición. hoy en día, en México, en promedio, 40% de la basura es orgánica, 15% es inorgánica sin valor comercial (plásticos como polipropileno, polietileno de alta densidad, poliestireno, Tetra pak, materiales compuestos, etcétera), otro 15% es inorgánica con valor comercial (aluminio, hoja lata, botellas de vidrio, PET, papel y cartón limpios) y alrededor de 25-30% son otros materiales (cueros, madera, hueso, electrónicos, fibras sintéticas, metales diversos, telas, vidrios, sucios y no recuperables). Manejar adecuadamente la basura requiere infraestructura costosa y compleja: vehículos especializados de recolección y de aseo urbano, sistemas de recolección en establecimientos comerciales, sistemas de acopio y reciclaje, estaciones de transferencia, centros de separación, rellenos sanitarios, plantas de aprovechamiento energético (termovalorización o plantas cementeras) y biodigestores. Los gobiernos locales en México no tienen capacidad de inversión y de gestión en todo ello; son esenciales alianzas público-privadas.

Obviamente, es imposible reciclar toda la basura inorgánica de acuerdo con su composición actual. También es inviable hacer composta con los residuos orgánicos; nadie la quiere, es muy cara y complicada. Cada día es más difícil encontrar cerca de las grandes ciudades sitios adecuados para construir y operar rellenos sanitarios (donde puede generarse energía con el biogás o metano producido por la descomposición anaerobia de la basura). Reducir los volúmenes de generación per cápita de residuos es utópico e incompatible con la vida moderna. ¿Entonces?

Es preciso cerrar los canales abiertos en circuitos de producción y consumo, aumentando las tasas de reciclaje considerablemente. Esto implica: 1)un esquema regulatorio para que las grandes empresas productoras de bienes de consumo modifiquen sus políticas de empaques, envases y embalajes hacia el uso de materiales fácilmente reciclables. 2) un mecanismo obligatorio financiero y logístico para que las empresas le den valor de mercado a todos los materiales producidos (y que hoy no lo tienen), para que sea factible desarrollar los sistemas de recolección, separación, acopio y reciclaje necesarios. Es decir, que se responsabilicen de todo su producto a lo largo de todo su ciclo de vida. Sería algo similar a lo que ocurre en Alemania y otros países con el sistema Punto Verde. Para ello, es preciso modificar la Ley General para la Prevención y Gestión Integral de los Residuos. 3) Promover plantas termoeléctricas, reciclaje energético o de termovalorización de residuos. 4) prohibición de materiales difíciles de acopiar y reciclar como bolsas y popotes de plástico.

GabrielQuadri de la Torre

Ingeniero Civil y Economista

Verde en Serio

Político, ecologista liberal e investigador mexicano, ha fungido como funcionario público y activista en el sector privado. Fue candidato del partido Nueva Alianza a Presidente de México en las elecciones de 2012.