El crecimiento poblacional, el crecimiento de las emisiones de gases de efecto invernadero, el uso desmedido de recursos naturales, las regulaciones ambientales más estrictas, así como los nuevos acuerdos internacionales, entre otros, marcan condiciones sin precedentes que forman el panorama económico de nuestros días. Estas condiciones afectan tanto a las comunidades, el medio ambiente, los negocios y a las políticas del gobierno

Uno de los mayores retos en este nuevo entorno consiste en adaptar el sistema financiero, y en particular la banca, a las nuevas condiciones para obtener un crecimiento sostenible.

De acuerdo con el Instituto de Liderazgo para la Sostenibilidad de la Universidad de Cambridge, una economía sostenible es aquella que no pone en riesgo su propia capacidad para continuar a través de pérdidas de valor social y ambiental.

Este instituto ha lanzado un plan en el que instituciones gubernamentales, financieras y el sector empresarial pueden llevar a cabo acciones que interactúen para cumplir con las metas de Desarrollo Sostenible de las Naciones Unidas y lograr una economía sostenible.

Para el sector financiero la tarea consiste en proveer capital financiero de largo plazo, reflejar los factores de riesgo social y ambiental en sus operaciones, e innovar las estructuras de financiamiento para impulsar de mejor manera a los negocios sostenibles.

El papel de las instituciones financieras es claro en términos de direccionar capital mediante instrumentos y con políticas adecuadas hacia actividades que contribuyan al desarrollo sostenible.

En este sentido, es necesario que se corrobore que las actividades financiadas no presenten efectos negativos en el medio ambiente y la sociedad; o que dichas inversiones obtengan impactos positivos desde el punto de vista de la sostenibilidad.

Antes de comenzar a delinear una estrategia de banca sostenible, es necesario destacar que para que se logren los resultados esperados en la economía es necesario que todos los actores hagan su parte, en donde el gobierno siga impulsando 1) objetivos nacionales claros y medibles; 2) alinear la regulación y política fiscal para conseguir metas socioambientales; y 3) fortalecer los incentivos a la innovación que son necesarios para conseguir el desarrollo sostenible.

Por su parte, las empresas deben fortalecer la estrategia de: 1) alinear sus modelos de negocio a prácticas sostenibles en todos los grupos de interés a los que sirven; 2) dar seguimiento, medir su desempeño social y ambiental de acuerdo con sus objetivos y reportar transparentemente sus resultados; y 3) incorporar la sostenibilidad y la planeación de largo plazo en su toma de decisiones.

El sector bancario ha respondido al reto de la sostenibilidad y es deseable que acelere el ritmo al igual que lo hacen otros sectores.  En parte, debido a que las incidencias directas de estas entidades son relativamente pequeñas con respecto a otras industrias mucho más contaminantes.

Sin embargo, la influencia que tienen sus actividades para contribuir o impedir el desarrollo sostenible es enorme.

El día de mañana describiré las características que debe incluir una estrategia de Banca Sostenible.

*Erick Rodríguez Maldonado es especialista de la Subdirección de Pesca, Forestal y Medio Ambiente de FIRA. La opinión es del autor y no necesariamente coincide con el punto de vista oficial de FIRA.

[email protected]