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Aquí el coche es rey
Se nos ha vuelto normalidad. El espacio público de la Ciudad de México está secuestrado por automóviles; lo aceptamos como si adquirir un vehículo fuera un boleto a la imposición y el uso arbitrario de cada metro cuadrado. Viajar en transporte público es el castigo a los que no tienen, que en el atiborramiento laven sus pobrezas.
No hay una política pública de movilidad sustentable. Desde el gobierno federal y local los incentivos apuntan al uso del automóvil: gasolina subsidiada; construcción permanente de vías para autos; abaratamiento de unidades y facilidades de crédito; transporte público insuficiente e ineficiente; y, nulos espacios para ciclistas y peatones.
En el D.F. 80% del espacio está ocupado por autos que llevan apenas 23% del total de viajes. La decisión privada sobre cómo transportarnos traslada costos públicos a quienes no tienen un auto.
Esta tendencia no parece estar en camino de modificarse. El gobierno de la Ciudad de México, con el respaldo de una amplia mayoría en la opinión pública, mantiene la misma política de infraestructura para automóviles (i.e. Supervía y segundos pisos), y se mantiene ciego a una estrategia de movilidad. Como lo dijo Onésimo Flores en estas páginas, esto equivale a resolver el problema de obesidad produciendo ropa en tallas extra-grandes.
De acuerdo con datos de la Asociación Mexicana de Distribuidores de Automotores, de enero a julio en ventas al público se vendieron 104,082 autos en el D.F., 24% del total nacional. Eso equivale a 496 coches diarios, o para que nos quede aún más claro: cada dos días se demanda el espacio de un estadio de fútbol por los autos vendidos.
En el área metropolitana de la Ciudad de México circulan ya 5.6 millones de autos, por mucho el número más alto en América Latina (le sigue Sao Paulo con 4.3); también tenemos el primer lugar en taxis (108 mil, contra 39 mil en Sao Paulo); en contraste, en el D.F. hay 108 mil motocicletas (652 mil en Sao Paulo).
El Observatorio de Movilidad Urbana para América Latina acaba de publicar un documento comparativo sobre ciudades en la región. Nuestro coche-centrismo es evidente. Tenemos en el D.F. 64 mil kilómetros en vialidades, muy por encima del segundo puesto, Buenos Aires, con 45 mil. ¿Y cuántos kilómetros reservados para peatones y ciclistas? 0 y 30, Buenos Aires reservó 5.4 para los primeros y Bogotá 291 para los segundos.
En el D.F. 23.3% de los viajes totales al día se realizan en auto, contra 25.2% a pie o en bicicleta, y 51.4% en transporte colectivo. Para darnos una idea, en Sao Paulo las proporciones son 31.5%, 35.4% y 33% respectivamente. En esta ciudad estamos invadidos por autos que poco resuelven la demanda diaria de movilidad.
Y además nos sale barato (en costos privados): al año nos gastamos 7,339 millones de dólares en transporte privado y 3,139 mdd en transporte público (las cifras en Sao Paulo son 14,775 y 18,576 respectivamente). La razón es simple: somos la ciudad con la gasolina a menor costo y la ciudad en donde, proporcionalmente, más gasolina se consume en transporte individual.
¿Las consecuencias? también somos la ciudad en la que invertimos más tiempo diario en transportarnos, un promedio de 1.46 horas al día (en Sao Paulo invierten .93 horas)... ¡y lo que emitimos! En total congruencia, somos la ciudad que más contamina en transporte individual motorizado cada día: 21 mil toneladas de CO2; el transporte público genera 4,200 (las cifras en Buenos Aires son 17 mil y 5 mil respectivamente, que ocupa el segundo puesto).
Quedó claro, ¿no? los automóviles no resuelven los problemas de movilidad de la ciudad hoy, y mucho menos constituyen la alternativa sustentable hacia el futuro. Lo que sí generan es una ocupación arbitraria del espacio público y una traslación, igualmente arbitraria, de costos hacia quienes ni auto tienen... ¿y las políticas públicas? capturadas por intereses de inmobiliarias y constructoras, y claro, de políticos que encuentran en puentes y vías la inversión políticamente más redituable en el mediano plazo.