Probablemente sea el reducido lapso que la Constitución otorga a los gobiernos entrantes, quizá la decisión sobre una reforma fiscal no corría con la misma presión de temas como el laboral, el educativo o la reorganización de la administración pública federal; el caso es que la Ley de Ingresos de la Federación (LIF) para el 2013, salvo por los aspectos que mencionaremos más adelante, es una copia fiel de su antecesora, la LIF del 2012.

Nada tendría esto de particular –bajo la premisa de que la LIF se construye anualmente sobre un formato trabajado desde hace años por la SHCP- si no fuera porque esta inmejorable muestra del copy-paste (la LIF del 2013 contiene menos cambios respecto de la LIF del 2012 que entre ésta y la del 2011) implica la adhesión del gobierno del presidente Peña Nieto a decisiones muy cuestionables de política tributaria instituidas por su antecesor.

El Presupuesto de Egresos no solamente delinea un listado de gastos, sino define el perfil de un gobierno.

La administración del Presidente Calderón dejó muy claro que requería de recursos que le permitieran al gobierno contar con las armas suficientes –literalmente- para enfrentar a bandas de narcotraficantes (programa cuyos magros resultados no compartieron ni el electorado, ni el gobierno entrante). Ello implicó llevar al presupuesto –durante su sexenio- a crecer en términos reales 50% (de 2.2 billones de pesos a 3.7 billones).

Para tal efecto, la administración de Felipe Calderón logró imponerle al sector formal de la economía cinco nuevos impuestos (eliminando uno) y aplicar alzas al ISR, IVA y IEPS.

La LIF para el 2013 no sólo descansa en la misma estructura tributaria diseñada para soportar el perfil y presupuesto del gobierno anterior, sino que mantiene la espiral de crecimiento del gasto público al demandar de los contribuyentes recursos adicionales –en términos reales- por poco más de 100,000 millones de pesos (considerando una inflación anual de 4%), para lograr un monto total estimado en 3.95 billones de pesos.

Para cumplir esta meta recaudatoria, entre otras medidas, el nuevo gobierno incrementó el ISR de 29 a 30%, el IEPS a la cerveza de 26 a 26.5%, el IEPS a bebidas con contenido alcohólico superior a 20° G.L. de 52 a 53%, eleva los anticipos de Pemex en 8 millones de pesos semanales y vuelve a limitar el acreditamiento del IETU contra el ISR, para lo cual la exposición de motivos de la LIF echa mano de los mismos argumentos falaces de los diseñadores del IETU, en el sentido de que se trata de un impuesto mínimo y de control, cuando es evidente que no tiene ni una ni otra característica.

La redacción de lo suscrito por el presidente Peña Nieto –sobre el IETU- en las páginas L a LII de la iniciativa de la LIF no puede sino provenir de los funcionarios del gobierno de Calderón antes de encontrar acomodo en esta administración.

El análisis en la LIF a los gastos fiscales –páginas XI a XIII- olvidó por completo que hubo un relevo presidencial (léanse, no tienen desperdicio).

De cualquier forma, la descripción de las bonanzas del IETU no emite una buena señal de cara a la discusión de una enésima reforma fiscal integral.

Sobre el particular, la Ley de Ingresos no dedica párrafo alguno sobre una eventual reforma tributaria ni refiere a una política fiscal que dependa menos de recursos petroleros (que siguen representando una tercera parte del ingreso tributario), ni sobre la incorporación del sector informal a la recaudación formal, ni a la abolición del díazordacista impuesto a la radio y televisión de 1968 que el propio presidente Enrique Peña Nieto criticó siendo candidato, ni al combate a esquemas fraudulentos como los que campearon impunemente en el sexenio anterior en materia de outsourcing a través de sociedades cooperativas, sindicatos blancos y similares.

Lo que la LIF sí incorpora como novedad –exclusivamente para contribuyentes incumplidos- es un régimen de amnistía fiscal por créditos fiscales derivados de la omisión de contribuciones de ejercicios anteriores al 2007 y la condonación de recargos y multas de los últimos cinco ejercicios.

Probablemente, –insistimos- las razones apuntadas al principio justifiquen la estructura de la LIF para el 2013.

Lo cierto es que el paquete fiscal para este año resulta más acorde a un séptimo año de gobierno de Felipe Calderón que al primero del presidente Peña Nieto.