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¡Alimentar al barril sin fondo!
Los accidentes petroleros que se han producido no son estrictamente aleatorios. Tienen una explicación estadística muy clara.

Los recursos son siempre escasos y por ello mi ilustre padre predicaba: “no hay que meterle dinero bueno al malo”. La expresión le queda como anillo al dedo a la noticia de que en lo que va del sexenio el Gobierno de la 4T ha transferido al quebrado PEMEX 772 miles de millones de pesos. Esa cantidad puede considerarse dinero “bueno”, en razón de sus usos alternativos en la forma de inversiones en vivienda, salud o educación.
La cantidad transferida suena inmensa. Sin embargo, no parece suficiente en función del pobre desempeño operativo de la empresa estatal y, en particular, de los accidentes petroleros que se han producido en número alarmante. En la materia econometría, nuestro profesor nos hablaba de la fuerza de las correlaciones en las que existe causalidad. En tal sentido, destaca el trabajo de la reportera Karol García en este diario (14 de julio), al informar que en el sexenio, el presupuesto de PEMEX para mantenimiento de instalaciones se ha reducido 43%. Así que los accidentes petroleros que se han producido no son estrictamente aleatorios. Tienen una explicación estadística muy clara.
Pero, se nos aclara, los accidentes petroleros no son la única razón para la reducción de la evaluación crediticia de la empresa estatal anunciada el lunes por la agencia calificadora Fitch Ratings. En la nota respectiva, la calificadora precisa que el ajuste hacia debajo de la calificación se explica, en general, por dos razones. Primera, por “el débil desempeño operativo de PEMEX”. Segunda, por las dudas sobre la capacidad del Gobierno de México para mejorar la liquidez y la estructura de capital de la empresa subsidiada.
Y una suerte de tiro de gracia se detonó apenas ayer, con la negativa comunicacional de PEMEX para reconocer la gravedad verdadera del derrame de petrolíferos que se produjo en la Sonda de Campeche, al parecer desde el pasado 3 o 4 de julio. Según los expertos ambientales que han advertido sobre el derrame, este alcanza “un tamaño de 400 kilómetros cuadrados” y no está claro si la fuga ya se controló.
Lo que queda claro en todo este escándalo es que ni PEMEX, como tampoco el Gobierno Federal, pueden tapar el sol con un dedo. Al respecto, no pudieron acallar a la calificadora Fitch Ratings de bajar su calificación crediticia. Tampoco a los expertos ambientales que pueden detectar la magnitud del derrame por la vía satelital.