Durante los últimos años, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura ) FAO por su sigla en inglés) ha reiterado que para alimentar a los 9,700 millones de habitantes a nivel mundial proyectados para el año 2050 (ONU, 2015), se requerirá incrementar la oferta de alimentos en un rango de 65 a 70%

Esto se convierte en un reto importante debido a que la producción de alimentos consideraría casi la misma superficie agrícola actual, con tecnologías que no garantizan incrementos de rendimientos espectaculares, escasez de agua y los consabidos efectos del cambio climático que se prevé afecten seriamente la agricultura.

La intensificación sostenible de la producción agrícola, cuyo reto es producir más con menos, obliga el establecimiento de sistemas agrícolas bajo modelos de agricultura sostenible para conservar los dos elementos más importantes de cualquier agroecosistema: el suelo y el agua; además de reducir la contaminación por pesticidas químicos de síntesis, la fertilización nitrogenada y la emisión de gases de efecto invernadero (GEI).

No obstante lo anterior, practicar la siembra directa o Labranza de Conservación (L-C) permite sembrar de manera directa sobre los residuos de la cosecha anterior y con ello reducir el paso de la maquinaria agrícola que, a su vez, disminuye el consumo de combustibles fósiles, como el diésel, cuya combustión genera 2.69 kilogramos de bióxido de carbono (CO2) por cada litro consumido, lo cual lleva a ahorrar 70 litros de diésel por hectárea (ha) por ciclo agrícola y dejar de emitir 188 kg de CO2 a la atmósfera.

La recuperación de los suelos es una necesidad a nivel mundial, toda vez que durante décadas han sido desmineralizados, esquilmados y contaminados, lo que ha disminuido su biodiversidad y fertilidad, obligando a utilizar cada vez más fertilizantes granulados sintéticos para garantizar altos rendimientos, que muchas veces no se logran debido a la ineficiencia en el método de fertilización utilizado por el productor, encareciendo el costo de producción ($/ha), los costos unitarios ($/t) y reduciendo la utilidad para los agricultores.

Para cumplir los objetivos de las prácticas de agricultura sostenible, es importante desarrollar e implementar los componentes fundamentales que la integran: 1) Sistema de Labranza de Conservación; 2) Manejo Integrado de Plagas (MIP); 3) Nutrición Balanceada (NB), y 4) Uso racional del agua.

Con ello, los objetivos y metas de su implementación son: A) reducir en 30% la fertilización nitrogenada; B) disminuir en 30% la aplicación de pesticidas químicos sintéticos; C) ahorrar de 30 a 50% los volúmenes de agua aplicada a través del riego, y D) lograr una mayor competitividad al disminuir los costos unitarios ($/t), donde la meta para el caso del maíz es producir una tonelada de grano con menos de 100 dólares por tonelada.

En el Centro de Desarrollo Tecnológico Villadiego, de los Fideicomisos Instituidos en Relación con la Agricultura (FIRA), hemos desarrollado un modelo de agricultura sostenible cuyos resultados técnicos y financieros daré a conocer el día de mañana.

*Esteban Michel Ramírez es jefe de Departamento del CDT Villadiego de FIRA.

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