Todos los seres humanos tenemos el mismo principio y el mismo final. Nacemos desnudos, llegamos al mundo sin nada y cuando nos vamos, tampoco nos llevamos nada. No importa cuánto hayas tenido o acumulado, todo se queda.

Entre el principio y el final hemos vivido una ilusión. Amamos, crecimos, aprendimos, nos desarrollamos, servimos, trabajamos, compramos y consumimos (incluso más de lo que necesitábamos). En esta ilusión llegamos a creer equivocadamente que la felicidad estaba en función de cuánto pudiéramos tener, lograr, acumular, comprar, dominar, controlar. Así nos la vendieron y así la compramos.

Quizás por eso la mayor parte de nuestra atención la enfocamos en hacer y tener más, antes que en ser mejores y estar mejor. Hoy, esa ilusión se desvanece. No sabemos por cuánto tiempo. Aún no podemos predecir con exactitud qué será temporal y qué será definitivo. El hecho es que esta realidad nos obliga a vernos y a ver el mundo con ojos nuevos, mucho más allá de las apariencias y de lo superficial.

Por primera vez en nuestras vidas, estamos experimentando una sacudida que, a todos juntos y al mismo tiempo, nos hace cuestionarnos quiénes somos por encima de cuánto o qué tenemos. La realidad nos está quitando las máscaras, estamos volviendo a nuestro estado natural, sin los adornos de todos los días, sin disfraces, sin coches, sin marcas, sin todo eso que creíamos nos hacía especiales o distintos a los demás.

Hoy todos somos igual de humanos dentro de casa, sin poder planear más allá del día y sin salir. Todo eso a lo que le dábamos tanto valor está guardado, archivado, estacionado, es irrelevante. Sobran los adornos, las formas, la hipocresía porque hoy todos somos igualmente frágiles y vulnerables, no importa si vives en una mansión o en una vecindad, todos estamos pasando por lo mismo.

Nada es casualidad, todo tiene un propósito. ¿Lo alcanzamos a ver o todavía no? La realidad nos desenmascara. En estos días, ante la incertidumbre creciente, las señales contradictorias, la falta de rumbo como país y la preocupación por cómo lograremos superar este desafío, la realidad nos desnuda y desenmascara para dejarnos ver tal como somos. Ahora sale lo mejor y lo peor de cada uno, nos estamos conociendo de verdad; quiénes se mueven por amor y motivados por verdaderas causas y quiénes están ahí haciendo cálculos, queriendo sacar provecho de la fragilidad de otros, como dignos representantes de un sistema caduco, obsoleto y fracasado.

En medio de la tristeza, la frustración, la preocupación y el dolor, brilla la esencia de cada persona. Ahora podemos conocernos en realidad, saber quiénes somos y cuáles son nuestras verdaderas intenciones y motivaciones. En su homilía del Domingo de Ramos, el papa Francisco dijo: “Miren a los verdaderos héroes que salen a la luz estos días, no son los que tienen fama, dinero o éxito sino los que sirven a los demás”. Lo había anticipado en su mensaje previo a la bendición Urbi et orbi, “con la tempestad, se cayó el maquillaje de esos estereotipos con los que disfrazábamos nuestros egos siempre pretenciosos de querer aparentar, y dejó al descubierto, una vez más, esa (bendita) pertenencia común de la que no podemos ni queremos evadirnos, esa pertenencia de hermanos”.

“Es la vida del espíritu capaz de rescatar, valorar y mostrar cómo nuestras vidas están tejidas y sostenidas por personas comunes —corrientemente olvidadas— que no aparecen en portadas de diarios y de revistas, ni en las grandes pasarelas del último show, pero, sin lugar a dudas, están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia”.

Cada quien es libre de elegir a qué y a quién le pone atención. La vida nos regala la oportunidad de revalorarnos y darles importancia a quienes en verdad la tienen y a lo que de verdad vale la pena. La naturaleza nos enseña que cuando algo muere es porque algo está naciendo. Los cambios que no quisimos hacer por egoísmo, apatía, indiferencia, miedo o conformismo, la propia naturaleza se está encargando de provocarlos. Porque era necesario, era urgente, era impostergable. Qué gran momento para dejarnos ver y para conocer a los demás en su mejor versión, no desaprovechemos este gran regalo que Dios nos da.

Twitter: @armando_regil

Armando Regil Velasco

Licenciado en Negocios Internacionales

Ágora 2.0

Licenciado en Negocios Internacionales graduado con mención honorífica por el Tec de Monterrey. Estudió Economía y Políticas Públicas en Georgetown University. Cuenta con diversos diplomados de institutos como: la University of International Business and Economics de Beijing.