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Opinión

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¿Aceptarnos o cambiar?

Uno de los pilares de la filosofía new age y los libros de autoayuda es la aceptación. El amor por uno mismo, incluyendo nuestras virtudes y defectos. Una reconciliación en camino a la afirmación y la recuperación de la autoestima.

Detrás de estas ideas está la creencia de que nuestra meta como individuos es mirar hacia adentro y realizar una búsqueda para encontrar nuestro verdadero yo, y una vez encontrado alinear nuestras acciones y pensamientos con esa esencia. Ser más auténticos, pues.

De acuerdo a Michael Puett, profesor de historia china en el departamento de lenguajes y civilizaciones de Harvard, ese amor incondicional por uno mismo puede resultar muy perjudicial.

Puett ha dedicado buena parte de su carrera al estudio de la filosofía china, y hace poco publicó The Path: What Chinese Philosophers can teach us about the good life, un libro en que traduce una de sus asignaturas más populares en una suerte de manual para llevar una buena vida.

Puett dio una entrevista a la revista Quartz como parte de una serie que pretendía analizar seriamente las adaptaciones de la filosofía a la vida cotidiana, respondiendo preguntas interesantes como si la gente puede cambiar, o si es posible encontrar al amor de tu vida a través de la filosofía. En esa entrevista, reportada por Olivia Goldhill, surge un argumento interesante.

¿Debemos aceptarnos y celebrarnos como somos o esforzarnos por cambiar y mejorar nuestra naturaleza esencial? ¿Existe tal naturaleza esencial? Puett argumenta que buena parte de la búsqueda de nuestro verdadero yo asume no sólo su existencia, sino que es una esencia estable.

Desde Confucio, la tradición filosófica china, argumenta Puett, considera ese yo como una mezcla compleja de hábitos: Desde temprana edad formamos patrones para responder al mundo. Esos patrones se endurecerán y se convertirán en lo que erróneamente llamamos nuestra personalidad .

El argumento es que si nos amamos y aprendemos después de seminarios y horas de terapia a aceptar nuestras propias fallas y peculiaridades, lo que en realidad estamos haciendo es recrudecer esos patrones de comportamiento.

El artículo ejemplifica: Desde la perspectiva de un filósofo chino antiguo, aceptar que tienes la habilidad para tener visión de futuro pero no se te dan los detalles, o las trivialidades cotidianas te frustran y enojan, es lo peor que puedes hacer .

El remedio que propone esta rama filosófica no es hacer las cosas mejor. O sea, olvidarnos de esa idea de mejorar, que lleva implícita una ruta ascendente y mercadeable hacia la iluminación y la felicidad.

De acuerdo a Puett debemos olvidarnos de hacer las cosas mejor y simplemente hacerlas de manera diferente: usando distintos tonos de voz, rutas, palabras o muecas. Sólo así nos damos cuenta cómo somos criaturas de hábitos .

El argumento ya lo había abordado Daniel Kahneman en su espléndido Pensar Rápido, Pensar Despacio , un tratado sobre la racionalidad contemporánea en el que elabora no sólo el tema de los atajos cognitivos que menciona Goldhill en su artículo, sino algo aún más interesante que ha sido la parcela intelectual de Kahneman desde principios de los años setenta: la parcialidad cognitiva. Esa teoría que explica cómo formamos nuestra propia versión subjetiva de la realidad y después la convertimos en la base racional con la que actuamos, decidimos e interpretamos el mundo.

Kahneman explora los patrones irracionales que construyen la manera en que reaccionamos frente a los estímulos del mundo. Sea una irracionalidad surgida de los hábitos como mencionaban los filósofos chinos, o producto de otros factores como ruido mental, limitaciones de procesamiento del cerebro, razones emocionales o morales, la influencia de otros, etcétera.

Un ejemplo de ello es cuando inadvertidamente pasamos de una generalización para juzgar un caso individual que parece formar parte de ella. Es la falacia cognitiva que nos lleva a conjurar estereotipos y prejuicios sobre los demás.

En el centro de la autoayuda moderna y filosofías facilonas como las de Louise Hay, está una idea del individuo como un ser libre que debería aspirar a ser sincero y auténtico. Esa reconciliación con nuestra supuesta sabiduría interior está peleada con otra idea de la filosofía china.

De acuerdo a Puett, a veces nos damos cuenta que tenemos un mal hábito y nos proponemos cambiarlo, entrenándonos sea estableciendo nuevas rutinas o poniendo excesiva atención en nuestro comportamiento cotidiano para realizar los ajustes necesarios. Y dedicar toda la vida a esta continua mejora de lo que percibimos necesitamos cambiar, pero aún así seremos incapaces de observar la mayoría de los patrones que seguimos (y continuamos formando en nuestras vidas), y los más dañinos persistirán.

Twitter @rgarciamainou

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