La tijera presupuestal en contra de los académicos evoca cuando Cabrera, secretario de Hacienda de Carranza, decretó: “El dinero hay que agarrarlo de donde se encuentre”.

En estos tiempos tan convulsos e impredecibles —tan pletóricos de malas noticias y de incertidumbres— abundan los temas para que un editorialista periodístico prepare sus colaboraciones. El tema para la presente me lo regaló la campaña que ha emprendido el gobierno de la llamada 4T en contra de los académicos e investigadores. En términos institucionales, los blancos favoritos son el Conacyt, el CIDE y el Instituto Mora.

La operación tijera presupuestal evoca la época en que el secretario de Hacienda de Carranza, Luis Cabrera, incautó las reservas metálicas de los bancos. “El dinero hay que agarrarlo de donde se encuentre”, explicó Cabrera. Y en parecidas andanzas anda el gobierno de López Obrador. Así, en las entidades señaladas hay que “reducir la inversión en estudios e investigaciones, despedir personal, bajar salarios, cancelar viajes y exposiciones y hasta suscripciones a revistas...”. Según se señala en uno de los reportajes que se publicó el pasado domingo en el diario Reforma: “hasta la luz y el agua les restringen”. Todo con el fin (sic) “de obtener más recursos para Pemex” y para hacer derramas a las clientelas cautivas de Morena.

La arremetida tiene su faceta psicológica. Quién sabe qué resortes internos se activaron en el espíritu del presidente López Obrador para convertir a los académicos e investigadores en fifís beneficiarios de una “burocracia dorada” que sólo se dedican al “turismo científico”. Como explicó la académica Mónica Toussaint, del Instituto Mora: “Estamos cansados de que todos los días en los periódicos nos atacan desde el presidente, la directora del Conacyt, Luciano Concheiro de la SEP”.

Y está también la variante política del caso. Como era de esperarse, los académicos, investigadores y becarios del Conacyt, CIDE e Instituto Mora han saltado indignados en defensa de su causa. Y no les faltan argumentos. En términos de otra profesora del Mora: “meten tijera sin realizar diagnóstico previo alguno”. El resultado es que han entrado en movilización política segmentos antes tranquilos que, además, tenían la inclinación ideológica a simpatizar con las izquierdas. Pero esa ya será cosa del pasado. Así, además de adquirir conciencia de poder y de movilización esos segmentos se convertirán inexorablemente en antagonistas del partido Morena y en particular del presidente AMLO. ¿Para qué agarrar a patadas el pesebre en esa forma?

Bruno Donatello

Columnista

Debate Económico