Es mucho lo que se ha comenzado a opinar con relación a la más reciente publicación editorial del presidente Andrés Manuel López Obrador sobre la práctica económica. En principio, es de reconocerse que un jefe de Estado tenga la inquietud y habilidad de transmitir de forma escrita su pensamiento sobre diversos temas de interés. El buscar dejar un legado escrito como adición a la notable fuerza e influencia de sus palabras es pertinente, particularmente en estos tiempos en los que la mayoría de la gente busca, inútilmente, en las redes sociales, desahogar sus frustraciones, no leer y aprender y, mucho menos, esclarecer la verdad de las cosas, priorizando el uso de imágenes y noticias falsas, más que la lectura e información veraz. No obstante, el valor de lo anterior es aún más elocuente cuando el presidente busca ligar a la ciencia económica con la moral; dicho de otra forma, a la economía logística con la ética. El entrañable profesor de la universidad de Cambridge y premio Nobel de Economía, Amartya Sen, argumenta precisamente sobre las desviaciones que la economía aplicada moderna ha tenido de la ética —moral—, contrario a la propia naturaleza del hombre, que es un ser ético por naturaleza. 

Algunos críticos del presidente señalan el inconveniente de que utilice constantemente la argumentación sobre el comportamiento moral del gobierno y algunos estratos de la sociedad. Incluso han llegado a señalar que ello contraviene la tradición laica de nuestros gobiernos, producto del rompimiento del poder cívico del religioso, promovida por el presidente Benito Juárez. Lo anterior, probablemente sea consecuencia de la mala interpretación que sus críticos hacen sobre el significado de la palabra moral. La moral en el sentido filosófico debe ser estrictamente entendida como la ética. En efecto, si bien ética y moral tienen diferente origen etimológico, significan lo mismo; la primera se relaciona con el estudio de los valores morales del comportamiento humano en sociedad, y la segunda, con el sentido práctico como las normas, costumbres e incluso tabúes. En esta lógica, ética y moral tienen el mismo significado etimológico, pudiendo argumentarse que una es teórica y la otra es práctica.

Desde la perspectiva de un líder social y político, el presidente más que hacer apuntes sobre la teoría y práctica de la ciencia económica como tal, pretende señalar de manera categórica las desviaciones que la aplicación de la economía moderna ha hecho del comportamiento ético. Ha sido el padre de la teoría económica clásica y de la ideología del liberalismo, Adam Smith, quien nos enseña que la economía debe partir de la moral. Las virtudes morales y la empatía son elementos centrales para determinar principios básicos como el concepto de escasez, la ley de la oferta y la demanda, así como la formación de mercados. Para mayor abundamiento, el propio Keynes habla de la ética más allá de preceptos moralistas cuando esbozó lo que hoy conocemos como políticas económicas y macroeconomía.

Igualmente, Carlos Marx, en el otro lado del espectro, parte de la moral como inicio de sus tesis económicas. Desde Smith hasta Sen, pasando por Marx y Keynes e incluso Hayek, nos han hablado desde la óptica de la ética para entender la economía. En este sentido, las ideas que prevalecieron a partir de Friedman han quedado atrás. El presidente parece que nos quiere llamar la atención para tomar en cuenta a los clásicos, para que entendamos juntos que la economía y todo lo que deriva de ella debe verse desde la óptica de la ética. 

Carlos Alberto Martínez

Doctor en Desarrollo Económico y Derecho

AUCTORITAS

Profesor en la Universidad Panamericana, Ibero y TEC de Monterrey. Ha trabajado en el Banco de México, la Secretaria de Hacienda, la presidencia de la República y en Washington, DC. Actualmente estudia el doctorado en Filosofía con investigaciones en el campo de la ética y la economía. Autor de libros en historia económica, regulación financiera y políticas públicas