El 1 de diciembre del 2018 el presidente de México, Andrés Manuel López Obrador, anunció la muerte del modelo económico neoliberal.

Más todavía. El jefe del Ejecutivo le declaró la guerra al neoliberalismo y se comprometió a hacer todo lo que esté a su alcance para evitar su regreso.

Fueron 36 años de política neoliberal. Su aplicación inició con Miguel de la Madrid, se profundizó con Carlos Salinas de Gortari, continuó con Ernesto Zedillo Ponce de León y se mantuvo, en la alternancia partidista, en los gobiernos del PAN de Vicente Fox y Felipe Calderón y en el regreso del PRI a la Presidencia con Enrique Peña Nieto.

Fueron seis sexenios de neoliberalismo económico.

Y el nuevo gobierno, respaldado por el partido Morena, declaró al neoliberalismo, formalmente muerto y desterrado, en la medida en que prometió que hará todo lo necesario para que no regrese.

Al rendir protesta como presidente constitucional de los Estados Unidos Mexicanos, ante el Congreso de la Unión, el numeroso grupo de invitados especiales: presidentes, jefes de Estado y representantes, López Obrador identificó al neoliberalismo, al que consideró sinónimo de corrupción, como el enemigo a vencer.

Ortodoxia ¿sí?

A pesar de que el presidente López Obrador colocó el último clavo al ataúd del neoliberalismo, aparentemente no es el fin de la ortodoxia económica.

Ayer mismo ratificó que su gobierno no gastará más de lo que tiene, que no elevará impuestos, que no endeudará más al país, que respetará la autonomía del Banco de México (aunque no dijo ni se comprometió a respetar la autonomía de todos los órganos reguladores).

Tampoco dijo exactamente qué modelo económico será el que aplique pero refirió lo que ocurrió hace 60 años en México, cuando la economía mexicana era cerrada (no abierta como hoy), cuando imperó el de modelo del desarrollo estabilizador.

López Obrador reiteró en el zócalo, frente a la multitud: “Téngame paciencia; recibo un país en quiebra”. Lo dijo aún y cuando su secretario de Hacienda, Carlos Urzúa apenas unos días antes, agradeció la solidez macroeconómica con la que recibe el país.

Y cuando ha sido precisamente solidez y resistencia económica la que ha permitido la tersa transición y ha soportado con estoicismo la virulenta reacción de los mercados ante las intenciones (la cancelación del NAIM) y las iniciativas legislativas para regular comisiones, desaparecer afores o utilizar las reservas internacionales.

Y aunque el discurso aparenta que no es el fin de la ortodoxia económica, es decir, que mantendrá la estabilidad macroeconómica, lo cierto es que no hay ninguna garantía de que se cumpla.

¿Por qué? Porque hay muchos indicios en contrario: el plan fronterizo en el que se reducirá el IVA, entre otras ofertas; la promesa de que nunca más el salario mínimo estará por debajo de la inflación; el gasto en obras que no necesariamente serán rentables; la promesa de bajar el precio de los energéticos: gas, gasolina, diesel y electricidad.

No se sabe cómo le hará —para mantener la estabilidad macroeconómica— porque sus 100 compromisos contienen una gama de programas sociales y obras de infraestructura, cuyo monto económico será muy elevado y su fuente de financiamiento no se conoce.

Lo único que repitió es que se harán con los recursos que se ahorrarán a través de la lucha anticorrupción.

¿Qué es neoliberalismo?

Fue tal el número de menciones y descalificaciones del modelo neoliberal que miles de mexicanos recurrieron al buscador de Google para enterarse del significado de la palabra.

El primer mandatario dijo que el neoliberalismo se convirtió en un sistema que favoreció la corrupción; “las privatizaciones —enfatizó— han sido sinónimo de corrupción”.

Se comprometió a hacer todo lo necesario para abolir el régimen neoliberal; “es más importante —puntualizó— que perseguir a sus personeros, que no dejan de ser menores”.

¿Tersa transición?

Paradójicamente, las primeras palabras del nuevo presidente de México fueron para agradecer a su antecesor “por no haberse metido en las elecciones presidenciales”.

Peña Nieto ha sido criticado porque más que una tersa transición, pareció haber abandonado sus facultades seis meses antes.

Al presidente saliente le tocó escuchar en vivo y en directo los embates severos al modelo económico que aplicó.

Ya sin la banda presidencial, le tocó escuchar que se desmantelarían las más importantes reformas económicas que impulsó y la cancelación de su obra insignia: el Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

Le tocó escuchar las acusaciones de corrupción, aunque en ningún momento, el presidente López Obrador lo mencionó directamente.

A ningún otro presidente de México le había tocado tener una experiencia igual.

Al final, los discursos del presidente López Obrador no fueron conciliadores y muy probablemente generen más nerviosismo en los mercados. Al tiempo.

ATISBOS

NAIM. El nuevo gobierno anunció que continuará la construcción del Nuevo Aeropuerto Internacional de México en Texcoco y que hoy muy temprano iniciará la recompra de un paquete por 1,800 millones de dólares. Es una estrategia que busca evitar el default o impago con el anuncio de la cancelación de la obra.

TLCAN. Para complicar más las cosas, el presidente de EU, Donald Trump, está por “denunciar” o salir del TLCAN para “presionar” a su Congreso para que apruebe el nuevo acuerdo o T-MEC. Espere más volatilidad mañana.

Marco A.Mares

Periodista

Ricos y Poderosos

Ha trabajado ininterrumpidamente en periódicos, revistas, radio, televisión e internet, en los últimos 31 años se ha especializado en negocios, finanzas y economía. Es uno de los tres conductores del programa Alebrijes, Águila o Sol, programa especializado en temas económicos que se transmite por Foro TV.