La revolución encabezada por el ayatolá Jomeini en 1979 fue un acontecimiento clave en la historia de Oriente Medio: derrotó a Mohammad Reza Pahlaví, el famoso sha de Irán; además, la revolución iraní reubicó la religión en el centro de la atención política a escala mundial y abrió espacio para la expansión del integrismo religioso en la región; el de Jomeini fue un movimiento sin liderazgo militar, sin vanguardia, sin un partido; fue el gran catalizador de muchos de los temas que integran la agenda internacional del Islam político de hoy y símbolo de la crisis del paradigma político moderno.

1979 no fue un año más en el calendario islámico, fue un año cargado de acontecimientos que alteraron ideas y modificaron el juego geoestratégico en Oriente Medio a tal grado que, sólo con ese año, tendríamos para escribir más de 100 artículos sobre política y cultura islámicas. En 1979 —además de la revolución iraní para derrocar al sha— fue la toma de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán durante 444 días; ese año, también inicia la intervención soviética en Afganistán, se produce la segunda crisis petrolera y se da la ocupación de los lugares santos en La Meca por integristas que luego fueron masacrados por el poder saudita.

El triunfo de la revolución del 79 supuso el inició de una estrategia encabezada por el ayatolá Jomeini para establecer un cinturón chii que le asegurara el control del mundo islámico y la expansión del Estado persa. Sus propósitos expansionistas están delineados en un documento oficial titulado “La estrategia iraní bidecenal 2005-2025”, en el que se detallan las tareas para convertir a Irán en una potencia mundial y en el Estado hegemónico por antonomasia de la región.

Hace unos días, el presidente de la República Islámica de Irán, Hasan Rohaní, amenazó con interrumpir el suministro de crudo en Medio Oriente y cerrar el estrecho de Ormuz para impedir la transportación de 20% del petróleo mundial.

Por otro lado, en un discurso reciente, Husein Salami, comandante adjunto de la Guardia Revolucionaria de Irán, advirtió que el “ejército islámico en Siria” en los Altos del Golán estaba esperando órdenes para erradicar el “régimen del mal” de Israel y presumió de tener el respaldo del grupo terrorista Hezbolá y sus misiles dirigidos a Israel.

Hoy a casi 30 años de la revolución de 1979, todavía hay quienes elogian al ayatolá Jomeini por hacer de la caída del Estado de Israel un objetivo de gobierno.

Éste es el escenario en el que se ubica la amenaza del secretario de Estado norteamericano, Mike Pompeo, en su más reciente visita a los Emiratos Árabes Unidos. “Un costo realmente alto” son las palabras que Pompeo utilizó para amenazar a la República Islámica de Irán. Este escenario no es nuevo, pero en esta ocasión la amenaza ha alcanzado niveles de alerta máxima, aun cuando los expertos afirman que la posibilidad de un conflicto directo entre Irán e Israel es mínima.