Si ha habido un protagonista en términos de liderazgo en estos últimos días, guste o se odie su estilo y su ideología, éste ha sido el de un político cuyo nombre se ha repetido hasta la saciedad: Santiago Abascal.

Tanto él como su partido, Vox, han protagonizado uno de los episodios más sorprendentes de la reciente historia política de España: el que ha supuesto saltar desde la nada hasta cosechar casi 400,000 votos en una comunidad como la andaluza —un feudo tradicional socialista— y traducirlos en 12 escaños autonómicos que tendrán la llave del próximo gobierno regional.

Me interesa, desde el principio, dejar muy clara la pobreza y la simplificación de la mayoría de los análisis que se limitan a etiquetar a Abascal y a los suyos como representantes de la extrema derecha o la derecha extrema, cuando no a tildarlos, meramente, de fascistas. No lo digo sólo yo, incluso desde el otro punto del arco político, alguien tan poco sospechoso como el dirigente de Podemos, Íñigo Errejón, afirmaba el miércoles 5 de diciembre, en el curso de un desayuno en Madrid organizado por Vanity Fair, que en Andalucía “no hay 400,000 fascistas”. Decía también que quienes han votado a este partido merecen respeto porque Vox, “es un síntoma, pero no es el mal”.

Es una gran simplificación, sin duda alguna, relacionar el crecimiento de este partido con bolsas de votantes de elevadas rentas, en las zonas urbanas, tal vez. Pero más de la mitad de los apoyos recibidos por la formación, asesorada entre otros por Rafael Bardají a la sombra de Steve Bannon, proviene de zonas rurales muy deprimidas del campo andaluz.

Santiago Abascal encarna como nadie una neomasculinización del liderazgo político. En esto es idéntico a Salvini y me atrevería a decir que a Marine Le Pen que, a pesar de ser mujer, encarna como nadie los valores del liderazgo masculino. Un modelo rancio, antiguo, “testosterónico” y “testicular”.

Estudiando con atención el modelo de Vox para España y el de Lega, para mi país, es innegable que ambos pertenecen a un modelo de extrema derecha o derecha verdadera, sin complejos. No enmascaran su conservadurismo y llaman a las cosas, que este sector del espectro ideológico quiere oír, por su nombre.

En aspectos morales, sí son abiertamente ultraconservadores: apoyan un modelo de familia, y sólo uno, considerado como tradicional: un padre varón, una madre mujer y los hijos correspondientes.

Han dicho claramente que derogarían la ley del matrimonio entre personas del mismo sexo. Cuando se les ha criticado de forma rotunda por homófobos, su respuesta ha sido que en Vox hay muchos gays, como si eso justificara un retroceso de derechos para la comunidad LGTBI. Preconizan una extrema rigidez con el islamismo y son completamente contrarios al multiculturalismo.

@EuprepioPadula